Antes de que vuelva a ser tarde
Publicado el 06/01/2026 a las 08:49
Roma estaba sumida en una noche tan profunda como pesada. Entre los tugurios, pocas luces lograban abrirse paso en una Italia atrapada en una severa crisis de identidad. De pronto, una llamada. El régimen daba luz verde al encierro con una frase destinada a perdurar: “había que impedir que ese cerebro pensara durante veinte años”. Antonio Gramsci fue detenido el 8 de noviembre de 1926. Mussolini ya había vencido. Pasó por las cárceles de Regina Coeli y San Vittore y, entre la hambruna, la gota, la arteriosclerosis y la tuberculosis, dejó con sus cuadernos una reflexión que sonaba a presagio: “el viejo mundo muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro nacen los monstruos”. Y, claro, vino lo que vino. La sombra del siglo XX es alargada. Europa fue entonces un tablero donde el progreso se sostuvo, en parte, sobre figuras de gran referencia moral como Franklin D. Roosevelt o Winston Churchill, liderazgos que actuaron como contrapeso frente al avance del autoritarismo y las dictaduras. Hoy, las tensiones vuelven a crecer. Lo hacen como un barco agujereado del que no encontramos ni cubos ni salvavidas. Esa sombra olvidada parece empujar al siglo XXI a repetir errores ya conocidos. Noam Chomsky ha analizado cómo el miedo se convierte en la música de fondo con la que algunos gobiernos justifican actos injustificables en nombre de la democracia. Todo parece válido cuando se invocan amenazas supuestamente existenciales para las libertades. Desde la crisis de 2008, el mundo atraviesa un cambio profundo: el viejo orden se desvanece y el nuevo aún no termina de tomar forma. Y en ese interregno -otra vez- todo puede suceder. Resulta significativo que, en este contexto, voces de la extrema derecha europea adopten un lenguaje de defensa de la soberanía de cada país y de la democracia. Y qué, textualmente, “renunciar a este principio (...) equivaldría a aceptar nuestra propia servidumbre mañana”, tal y como ha dicho Marine Le Pen en X. No deja de ser paradójico que quienes durante décadas han cuestionado estos valores encuentren ahora en el miedo una herramienta eficaz para ganar terreno en el futuro del continente. La sociedad necesita líderes, y los necesita de la izquierda, y de inmediato.
Alex Tiraplegui Garjón