Un partido de fútbol

Pedro Marín Usón

Publicado el 05/11/2025 a las 07:30

El fútbol, deporte rey en España y en muchos países del mundo, levanta pasiones. Y lo hace tanto dentro del terreno de juego como en los banquillos. Cada vez es más habitual ver al árbitro acudir al VAR para revisar jugadas polémicas, mientras los entrenadores presionan al cuarto árbitro desde la banda. A veces uno se pregunta: ¿cuántos partidos se están jugando realmente en el campo? 

Las competiciones se multiplican y con ellas la exigencia de ganar a toda costa. Forzar tarjetas, penaltis o expulsiones se ha convertido en algo casi normal, muchas veces promovido desde los propios cuerpos técnicos. Todo esto nos muestra cómo aquello que debía ser un juego, una celebración del deporte, se ha transformado en un negocio en el que el “juego limpio” parece quedar solo para los anuncios y el marketing. Aceptar las decisiones arbitrales, entendiendo que los árbitros también son humanos y pueden equivocarse, es hoy una rareza. 

El fútbol se ha convertido en un mundo donde “o ganas, o no existes”. Los triunfos llevan al cielo; las derrotas, al olvido. En la antigua Roma, ya se vivió algo parecido en el Circo. 

Quizás haya llegado el momento de recordar que el fútbol nació como un juego y no como una guerra, y que el respeto -al rival, al árbitro y al propio deporte- debería volver a ser el verdadero marcador que determine quién gana o pierde. 

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