Aniversario de la Dana: no podemos seguir engañándonos
Publicado el 28/10/2025 a las 07:20
En el 2021, Navarra sufrió una inundación que dejó dos víctimas mortales. Más recientemente, la DANA que azotó Valencia en 2024 provocó 229 fallecidos y enormes daños materiales. Son solo algunos ejemplos de desastres que nos recuerdan que seguimos siendo extremadamente vulnerables. A pesar de las acciones realizadas, queda mucho por hacer, especialmente en materia de información, formación, prevención y preparación para responder de manera segura y eficaz ante inundaciones, así como en la organización de la fase de recuperación. La responsabilidad es compartida: el Estado, las comunidades autónomas, los municipios, las empresas y cada ciudadano, no hemos hecho lo suficiente, algo que comprobamos en las inundaciones que con frecuencia ocurren en el mundo, que siguen dejamos muertes, graves daños y desesperación.
Los pronósticos climáticos que manejábamos hace apenas unos años ya no son fiables. Los patrones de lluvia y las tormentas extremas son cada vez más imprevisibles y agresivos.
La ciencia nos advierte que fenómenos como la DANA pueden ocurrir en cualquier lugar, en cualquier momento y con una intensidad superior a la prevista. Esto no es una predicción alarmista: es la nueva realidad. La prevención y la preparación no son opcionales; son esenciales para salvar vidas y proteger nuestro entorno.
Pero más allá de la crítica, hay un aspecto positivo pocas veces reconocido: la preparación frente a desastres puede convertirse en un motor de unión social. En una sociedad donde la política a menudo divide, la gestión de riesgos nos recuerda que dependemos unos de otros. Organizar planes de emergencia, entrenamientos comunitarios, redes de alerta y solidaridad local no solo protege a las personas: fomenta cooperación, encuentros y socialización, fortaleciendo el tejido social.
Cada DANA nos recuerda que lo superfluo a lo que dedicamos tanto tiempo y recursos no salva vidas. La inversión real debe centrarse en prevención, formación, coordinación y resiliencia. La próxima tormenta no será una sorpresa: será la consecuencia de nuestra inacción. No podemos seguir engañándonos. Prepararnos frente a desastres no es solo una obligación; es también una oportunidad para aprender, unirnos y construir una sociedad más solidaria y consciente de sus riesgos.
Que este aniversario nos sirva para dejar de lado lo superficial y enfocarnos en lo esencial: protegernos, cooperar y preparar un futuro más seguro y humano.