La crítica desvergonzada

Javier M. Elizondo Osés

Publicado el 12/10/2025 a las 08:19

Juro por Snoopy que he tenido que hacerme una presa para poder contener el mentón, el cual se me ha caído totalmente al oír las críticas de dos insignes figuras (más bien figurantes, como otros muchos de todo tipo de tendencia) de nuestro panorama político, como son Ione Belarra y Pablo Iglesias. Críticas a la designación de María Corina Machado con el Nobel de la Paz 2025. Y aquí no vengo a defender que haya sido un acierto ni un error, pues para ello tendría que conocer la lista que tenían de aspirantes y sus respectivas idoneidades (me conformo con haber visto que, finalmente, no se lo han concedido a Donald Trump, pues entonces sí que me habría convertido en desertor de la conciencia cívica de la raza humana). Sí que vengo a poner “pie en pared” con estos dos personajes, que me retrotraen a mis años de carrera en las antiguas Universidades Laborales, soportando a los líderes estudiantiles, con sus soflamas, que desaparecían como por arte de magia cuando venían mal dadas (tengo el vívido recuerdo de un encierro en una iglesia de Huesca, en años donde un “gris” imponía mucho, donde ante el ultimátum de la policía, no quedó allí ninguno de ellos y, mira tú por donde, desapareció también la llamada “caja de resistencia”).

La señora Belarra se ha indignado, soltando el exabrupto de las concesiones a “golpistas y criminales de guerra”. Ahí es nada. Es fácil soltar estas injurias (que en su contexto, están dirigidas sobre la señora Machado, ¿no?) cuando crees que la libertad de expresión te lo permite cuando la crítica es tuya, y no al revés, pues seguro que de producirse sobre tu persona recurrirías a los tribunales de inmediato, por daños al honor, injurias, o lo que se tercie. Del mismo modo me referiría al señor Iglesias con su “lleva años intentando dar un golpe de Estado en su país”. Y hablan así mientras callan (sus motivos tendrán, ¿no?) respecto a una situación tan anómala en Venezuela (a la señora Machado se lo han dado por su resistencia en ese país, y lleva mucho tiempo en la clandestinidad para evitarse su arresto, simplemente por ese hecho) como la perpetuación en el poder del señor Maduro y su corte oligárquica, a través de unas elecciones amañadas (como se confirmó).

Como también callan respecto a otras muchas barbaridades (Nicaragua, Rusia… ¿o es que no me he enterado de que sí lo han hecho y siguen haciéndolo, denunciando sin descanso?). Como, incluso, en régimen interno no se avergüenzan lo más mínimo (hasta son capaces de intentar convencernos, como si fuésemos estúpidos) de sus cambios de criterios y postulados: si no me falla la memoria, el señor Iglesias, junto con otras cosas, dijo que no se marcharía de Vallecas y ahí lo tenemos en el “casoplón” de Galapagar y llevando a sus retoños a centros privados (es así, ¿no?).

Y en nuestra Navarra, no he visto ni una sola crítica (de la llamada izquierda progresista, que algún día alguien, espero, me explicará bien su significado real) al cobro de cesantías (100.000€) del señor Eduardo Santos que, perteneciente a la élite navarra de Podemos, entró en política para luchar por la supresión de privilegios de la “casta política” (y dentro de esos privilegios, estaban las cesantías). Que por ley las puede cobrar, pero por congruencia con su supuesta ética, no. Y Podemos lo resuelve indicando que ya no pertenece al partido. Sin más comentario. Pues vale.

Así que, señores y señoras, no me vengan con “rajados de vestiduras” de cara a la galería que les tiene que sustentar sus privilegios (que cada día son menos sus votantes demostrando que la Sociedad no es tonta, aunque vamos a tener el terrible problema de decidir a quién votamos, con tanta inutilidad manifiesta y desvergüenza por todos los lados). Hagan su propio examen de conciencia antes de abrir la boca y, sobre todo, sean sinceros, y sinceras, consigo mismo. Y aprovecho para hacer extensivo, esto último, a todos los estamentos políticos.

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