Los perfiles para ocupar el poder

Santiago Pangua Cerrillo

Publicado el 15/09/2025 a las 07:45

En el ámbito laboral, los perfiles de los puestos de trabajo son una herramienta fundamental. Definir competencias, formación, experiencia y habilidades permite seleccionar con mayor justicia a los candidatos, evaluar su desempeño con criterios objetivos y garantizar que la organización funcione con eficiencia y equidad. Sin embargo, sorprende que en los espacios donde más impacto tienen las decisiones, los puestos de poder político e institucional, esta lógica se difumine hasta desaparecer. En una empresa nadie accedería a un cargo de responsabilidad sin una mínima comprobación de su idoneidad. En cambio, quienes asumen una alcaldía, una consejería o la presidencia de un país no suelen pasar por filtros de competencia profesional, períodos de prueba o mecanismos efectivos de retirada del cargo en caso de incumplimiento. Paradójicamente, mientras que un error en una oficina puede ser corregido, un fallo en la gestión del poder político puede acarrear consecuencias graves, incluso irreparables, para toda una comunidad.

Hace más de dos mil años alguien marcó una pauta clara sobre cómo ejercer el poder: “El que quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos”. El tiempo no ha hecho sino confirmar la vigencia de esa afirmación. Sin embargo, lo que observamos en muchos de nuestros líderes es lo contrario: discursos altisonantes, decisiones opacas y un ejercicio del poder más cercano a la dominación que al servicio.

El poder, lejos de ser un privilegio personal, debería concebirse como un instrumento para que los demás crezcan. Para ello, convendría aplicar a la política algunos principios que damos por sentado en el mundo laboral, tales como escuchar más de lo que se habla, practicar la ética y la coherencia, rendir cuentas y ejercer la humildad.

En definitiva, si pedimos a un trabajador de cualquier organización que cumpla un perfil definido y verificable, ¿por qué no exigir lo mismo y con mayor rigor a quienes reciben la encomienda de gobernar? El reto de nuestro tiempo no es conquistar el poder, sino aprender a humanizarlo para que, en lugar de engrandecer al gobernante, engrandezca a la comunidad.

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