Tenemos un problema... y Houston no contesta

Juanjo Valencia Navarro

Publicado el 03/09/2025 a las 07:35

Quede constancia de que manifestar públicamente que se tiene un problema no conlleva que se tenga solo un problema. Estamos asistiendo últimamente a la exhibición más burda del matonismo político, donde un iluminado con poder horroriza y aterroriza al mundo entero, asesina sin escrúpulo alguno, mata de hambre a miles de personas, se libra del testimonio de más de doscientos periodistas silenciándolos para siempre, arrasa escuelas y hospitales, no deja piedra sobre piedra y, lejos de escuchar y atender el clamor internacional contra su proceder, promete continuar su obra hasta que la considere acabada.

Este hombre del que hablamos, que responde al nombre de Benjamín Netanyahu, descarga su inquina sobre la población de Gaza y mira con prepotencia cómo la opinión pública internacional suda de rabia e impotencia.

Se sabe en poder de un poder que le permite contrariar la opinión de aquel vasco universal, Miguel de Unamuno, cuando con acertado tino proclamaba que “todo acto de bondad es una demostración de poderío”. Pero está claro que este matarife no sabe nada de Miguel y que el poder vengativo que ejerce nada tiene que ver con el que defendía Unamuno.

Que, después de que seis millones de judíos fueran ejecutados por el simple hecho de ser judíos, venga ahora un judío a ejecutar a más de sesenta mil gazatíes por el simple hecho de ser gazatíes es algo de muy difícil comprensión. Es más, la propaganda del que mata alegaba antes y alega ahora que son terroristas los muertos de ahora y miembros de una raza inferior los de hace ochenta años. Mienten ahora como mentían antes.

¿Y nadie le para los pies? En esta pregunta radica el problema al que hago referencia en el título de esta carta. ¿Cómo es posible que en ochenta años no hayamos aprendido nada del horror del Holocausto? ¿Por qué la comunidad internacional (Houston sigue sin contestar) no le paró antes los pies a Hitler y -aún peor, sabiendo lo que aquello supuso- por qué nadie se los para ahora a este nuevo Hitler? ¿Cómo es posible que una sociedad que domina las artes y las ciencias, la tecnología y el derecho sea incapaz de proveer contrapoderes suficientes para que estas tragedias no vuelvan a suceder?

Dirigentes sanguinarios como Hitler antes o Netanyahu ahora no pueden, no debieran poder cometer un genocidio con la impunidad con la que lo hace y lo hizo. No, sabiendo que la convivencia de siete mil millones de personas se convierte muchas veces en una caldera arrimada al fuego fuerte de los diferentes intereses: o colocamos algunas válvulas que aminoren la presión excesiva o, más pronto que tarde, explotará la caldera con todos nosotros dentro. Y explotará por tontos, porque sabiendo y pudiendo evitarlo, no lo hacemos.

Estamos demasiado ocupados en analizar con lupa los porqués, los cuándos o los dóndes; evaluando, con calma, si nos desmarcamos o no de nuestros socios para que no se enfaden; cuidándonos de no ser punta de lanza (con lo que eso desgasta) en la defensa de quienes más lo necesitan; calculando con usura si se resentirán nuestros intereses económicos y políticos; en definitiva, mareando la perdiz con excusas de mal pagador.

Mientras tanto, los niños siguen muriendo de hambre en el telediario (en vivo y en directo), sabiendo que hay centenares de camiones con el sustento necesario para que no mueran. ¿Hay que decir algo más para parar este genocidio que nos está comiendo la dignidad de pertenecer al género humano? Pues eso.

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