Dignidad y honestidad
Publicado el 31/08/2025 a las 08:31
Nos encontramos en un país donde la indolencia y la miseria moral se encuentra en el ADN de algunos dirigentes políticos. Unos dirigentes políticos que demuestran y exhiben, sin ningún complejo, su desprecio a las víctimas del terrorismo, cerrando los ojos ante el enaltecimiento de los asesinos de ETA, en el transcurso de las fiestas de las localidades vascas. Cerrando los ojos, esa clase de políticos insultan a quienes se han visto obligados a visitar a sus familiares asesinados a los cementerios porque ETA les descerrajó varios tiros en la nuca. Insultan a los padres y familiares de esos 23 niños asesinados por ETA. Son los mismos políticos que penalizan cualquier manifestación a la que se incorpore al anterior jefe del Estado, Francisco Franco, y no sancionan a los que imprimen en las camisetas a los asesinos de ETA como héroes del “pueblo vasco”. Unas camisetas con la foto de terroristas de ETA como el que fuera uno de sus jefes, Txeroki. La foto de Bolinaga, el carcelero de Ortega Lara, impresa no ya en una camiseta, sino impresa en el alma enferma de una parte importante de la sociedad vasca.
El viernes 22 de agosto, las calles de Bilbao fueron tomadas por cientos de personas que se manifestaron para homenajear a unos miserables asesinos. Se manifestaron con, también, otro objetivo: humillar a las víctimas del terrorismo. (...)
Todo ello fue posible porque las autoridades, que pudieron evitarlo, no lo hicieron. Los políticos socialistas, que pudieron parar las hordas del terror tuteladas por Bildu y PNV, no lo hicieron.
Desde la etapa de Zapatero, el socialismo comenzó su labor de “blanqueamiento” del terrorismo de ETA. Por tanto, facilitar la manifestación en favor de la banda forma parte de ese diseño de blanqueamiento del terrorismo de ETA. Porque, a pesar de que se nos dice machaconamente que ETA ha desaparecido, nos mienten. ETA sigue viva. Las manifestaciones en favor de los terroristas demuestran que la llama del terror sigue viva.