Las fusiones de ayuntamientos suelen resultar en historias de éxito
Publicado el 13/08/2025 a las 07:49
Pamplona tiene una destacada historia de fusiones municipales con la unión de los Burgos y la absorción de Echavacoiz y Mendillorri, mucho más recientes. Nuestra gran avenida y bulevar de Carlos III debe su nombre a este hecho histórico principal de Pamplona, el Privilegio de la Unión, por el que una Pamplona dividida pasó a ser una Pamplona unida.
La absorción de ayuntamientos menores por uno mayor ha sucedido en cualquier localidad histórica relevante. Bilbao, en un tiempo no tan lejano, absorbió numerosos pueblos que hoy se consideran céntricos o parte de su esencia, como Deusto o Begoña. El alfoz (comarca) de Madrid fue totalmente absorbido y barrios castizos de la capital como Fuencarral, Chamartín, Carabanchel o Vicálvaro antes eran pueblos. Otro tanto podemos decir de Barcelona con Sants, Sarrià, Horta, Gràcia o Nou Barris.
Bilbao, Madrid y Barcelona son hoy muchas veces mayores de lo que de otra forma hubieran sido de no haber absorbido a sus ayuntamientos vecinos. Si se efectuara una absorción de los “pueblos” vecinos por parte de Pamplona podríamos hacer un nuevo Privilegio de la Unión y, en su honor, aprovechar para añadir el tan solicitado festivo 15 de julio a las fiestas de San Fermín, con encierro y todo incluido, por supuesto. Se podría denominar Día del Nuevo Privilegio de la Unión o Día de Cendeas y Valles, si la unión incluye toda la Cuenca de Pamplona.
No es solo cuestión de absorber los municipios hasta el punto de agotar el suelo urbanizable, sino los municipios limítrofes con los que están sin suelo o lo estarán en un futuro cercano. De esta forma, Pamplona tendrá suelo prácticamente inagotable, y en consecuencia el suelo y la vivienda resultarán mucho más baratos. Así, Pamplona será una ciudad mucho más atractiva para posibles inversores, en vez del lío burocrático de tratar con una docena o más ayuntamientos sin apenas coordinación.
En la Cuenca de Pamplona se creó hace décadas la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, y en Barcelona se hizo lo propio con el Área Metropolitana de Barcelona. Ambos casos han sido ejemplos de buena gestión de servicios comunes entre ayuntamientos distintos, aunque nunca funcionarán tan bien como un solo ayuntamiento.
Constantemente se oye que la mancomunidad de aquí o allá ha de coordinar sus ayuntamientos mejor, pero, en la práctica, para la mayoría de dotaciones y operaciones urbanísticas cada ayuntamiento va a su libre albedrío edificando de espaldas al ayuntamiento de la siguiente rotonda. El limbo en el que está el barrio de Ripagaina (cuatro ayuntamientos y en la práctica no es de nadie) no habría sucedido de haber habido una gran fusión municipal en la Cuenca.
A la hora de construir un centro de salud, un club de jubilados, un polideportivo… se hace de espaldas al ayuntamiento vecino (a pesar de la mancomunidad), aunque el otro ayuntamiento esté cruzando el paso de peatones. La única coordinación real se hará cuando haya fusión; antes solo habrá palabras, como ha sucedido por décadas.