Directores de orquestas desafinadas
Publicado el 16/07/2025 a las 08:18
Cuando un director de orquesta política no tiene el beneplácito de una gran parte de los que llenan la sala del concierto, la mayor parte de los músicos que han sido elegidos para tocar sus partituras temen quedarse sin los emolumentos que les devienen por esas designaciones, pues, para muchos de ellos, fuera del estrado de la interpretación hace mucho frío. Pero se puede llegar a desafinar de tal modo que una buena parte del público abandone sus localidades.
En su salida, serán requeridos para ir a llenar las salas donde quieren interpretar otras sinfónicas, desde las de mismo nivel (aunque hayan pasado por los mismos descréditos musicales de modo anterior, que han sido recurrentes en todas ellas) a aquellas que requieren protagonismo de primera fila si el director correspondiente no reúne suficiente atractivo como para que pueda tocar solo con su propia orquesta. Las hay, en crecimiento y con sintonías totalmente contrapuestas entre ellas, que aprovechan el desconcierto para lograr que mucho público vaya considerando que sus salas de concierto son más viables, aunque se estén construyendo todavía con materiales de dudosa eficacia e, incluso, facilitadores de propagación de fuego por cualquier tipo de complemento pirotécnico al espectáculo.
Como factor de esperanza tenemos que dentro de las diferentes orquestas principales existen músicos de prestigio que, obviando la lapidación que le puede ser generada por el resto (incluso teniendo que aguantar a algún impresentable que no sabe ni la escala musical del respeto), le indican de frente, al director de su orquesta, que no está dirigiendo como debiera y que debe pensar en plantearse su continuidad. Y ahí es cuando se vislumbra lo que realmente subyace respecto a orquestas comprometidas con satisfacer al público que paga sus audiciones (y la sala donde interpretan) o comprometidas solamente con mantener su estatus de músico (aunque, en muchos casos, no sepan ni siquiera tocar el instrumento que se les ha proporcionado, o no sean capaces de lograr sacar notas afinadas que permitan al gran público creer que se ganan el sueldo).
Por desgracia, tenemos las polarizaciones que se crean por el marketing de las orquestas principales en la salvaguarda de sus posiciones, incapaces de plantearse que se pueden tener en cuenta muchas partituras de perfectas sintonías para el gran público, a tocar, conjuntamente y de modo equilibrado, en una sala común de acústica contrastada que se empeñan en degradar. De modo irresponsable no hacen otra cosa que expulsar oyentes, que pasan a escuchar a otras pequeñas orquestas, con partituras muy particulares, de confección propia, que van creciendo paulatinamente. Da la sensación de que no se dan cuenta de lo que pueden llegar a desafinar.