Nuestros enemigos fortalecidos
Publicado el 05/07/2025 a las 08:36
La humanidad se enfrenta hoy a enemigos antiguos que, lejos de haber sido derrotados por nuestro progreso, han salido fortalecidos por nuestra desmesura. No son enemigos invisibles ni ajenos a nosotros. Son los riesgos naturales que han acompañado desde siempre a nuestra especie, pero que hoy, por acción directa del ser humano, se presentan más frecuentes, intensos y devastadores.
El cambio climático, consecuencia directa de nuestro modelo de desarrollo insostenible, ha transformado el rostro de estos peligros. Las olas de calor son cada vez más extremas, cobrando vidas en las ciudades y agotando los campos. Las sequías se prolongan, alterando la producción de alimentos y desestabilizando comunidades enteras. Los patrones de lluvia se han modificado, aumentando el riesgo de inundaciones repentinas allí donde antes apenas llovía. Los incendios forestales se extienden con una ferocidad nunca vista. El nivel del mar sube, devorando costas y obligando a abandonar hogares ancestrales. Y, mientras tanto, millones de personas se ven forzadas a migrar, no por guerras, sino por la pérdida de su tierra, su agua, su vida.
Estamos ante una paradoja dolorosa: en vez de dedicar nuestros recursos, nuestra inteligencia y nuestra cooperación internacional a combatir estos enemigos fortalecidos, seguimos atrapados en antiguas lógicas de confrontación entre pueblos y naciones. Las inversiones en armamento baten récords año tras año, mientras las acciones climáticas, humanitarias y de prevención de desastres naturales son crónicamente insuficientes.
Como bien recordaba el gran Cantinflas, en alusión a las palabras de Jesús de Nazaret: “Amaros los unos a los otros” pero ustedes entendieron mal “Armaros los unos contra los otros”. Sin embargo, seguimos actuando como si el otro fuera la amenaza, cuando la verdadera amenaza es colectiva y compartida. Nuestra incapacidad de entender que compartimos un mismo planeta y destino está llevando a la humanidad al borde del abismo.
¿Dónde están los liderazgos capaces de redirigir nuestras prioridades hacia la defensa de la vida en todas sus formas? ¿Cuándo entenderemos que la seguridad no se mide en armas, sino en salud, agua, alimentos, educación, y protección ante los desastres? Nuestros enemigos se han fortalecido, sí. Pero no es demasiado tarde. La ciencia, la tecnología, la cooperación internacional, la conciencia ciudadana y los valores humanos aún pueden reorientar nuestro rumbo. No se trata de renunciar a la seguridad, sino de redefinirla. Y, sobre todo, de recuperar algo que parece olvidado: el sentido de humanidad compartida.
Porque si no somos capaces de amar, cuidar y proteger lo que tenemos en común, terminaremos enfrentados entre ruinas provocadas por nuestra propia ceguera.