La paloma junto a la chimenea del Vaticano
Publicado el 25/05/2025 a las 09:04
La multitud que llenaba la plaza de San Pedro, pendiente del Cónclave del 7 de mayo, mantuvo fija la mirada sobre la famosa chimenea del Vaticano durante muchas horas seguidas. Todos pudieron ver, junto a la chimenea, cómo una paloma blanca no quiso perderse - además, en primera fila- la salida del humo blanco, como anuncio de que había ya un nuevo Papa. Es posible que algunos se limitaran a considerar inoportuna a la inocente paloma, pero a otros esta anécdota nos evocaba que la paloma es un símbolo muy importante y común del Espíritu Santo en la tradición cristiana.
En el Cónclave, los cardenales electores oran e invocan al Espíritu Santo no para que elija al Papa sino para que les asista e ilumine en la elección. La acción del Espíritu Santo se manifiesta como una guía espiritual para los cardenales, ayudándolos a discernir la voluntad de Dios en la elección del nuevo Papa. No se trata de una intervención directa, sino de una iluminación interior que los capacita para tomar una decisión sabia.
El obispo Luis Marín, subsecretario de Sínodo, recordó que la elección de un nuevo Papa no es una carrera electoral, sino un proceso de escucha y discernimiento comunitario y fraternal. El hecho de que a lo largo de la historia el nuevo Papa no haya sido uno de los previstos entre los “papables” habla por sí mismo. Siempre ha sido una sorpresa. Pero me temo que esa experiencia histórica no servirá para que en el futuro se siga viendo el Cónclave, por parte de muchos, en clave política. A ello está contribuyendo mucho la ignorancia, generalizada en materia religiosa. Y ya se sabe que la ignorancia es muy atrevida. Incluso puede llegar a coleccionar falacias como las que se recogen en la película Cónclave.