Los cauces como vertederos
Publicado el 25/11/2024 a las 07:30
Se ha vuelto a celebrar, el pasado día 19 de noviembre, el “día mundial del retrete”, con nuevas llamadas de atención sobre su uso como papelera de múltiples productos no biodegradables que provocan problemas de atascos, tanto en interiores como en exteriores, con unos costes muy importantes. Da igual el número de años (muchos) que se lleve advirtiendo de este problema con múltiples campañas informativas, que se sigue sin tomar conciencia del daño ni siquiera cuando se tienen que sufragar los correspondientes costes para eliminar los problemas en las instalaciones particulares. Y tanto los costes individuales o de colectivos de comunidades, como los colectivos de mantenimiento de los servicios públicos, salen de nuestros bolsillos. Y si esta sociedad no es capaz de entender una cosa tan básica, ni te cuento de lo que llega a ser capaz en el uso del entorno, como las calles, como papelera de todo tipo de residuos que, cualquiera, puede ver cómo se depositan sin el menor escrúpulo, como si fuese la cosa más normal del mundo. Residuos que, en buena parte, son trasladados a los colectores de saneamiento y, a través de estos (al margen de los problemas comentados) salen a los cauces por dos vías: bien a través de las salidas directas de las pluviales (colectores que vehiculan las aguas recogidas en nuestros viales y que, por tanto, arrastran todo lo que se tira en ellos) o bien a través de los aliviaderos de los colectores unitarios (fecales y pluviales) en el momento en que llegan al nivel de alivio (que va a los cauces) para evitar su puesta en carga (llenado y sobrados al exterior por levantamiento de tapas de registro por el empuje interior del agua).
Centrándome exclusivamente en estos hechos, que cualquiera puede ver a nada que se asome a cualquiera de estos puntos de pluviales cuando esté lloviendo de modo regular (en los aliviaderos, con lluvias más intensas), y no entrando en las infraestructuras a construir para evitarlos (o paliarlos en un, más que, elevado porcentaje), existen métodos paliativos de coste ínfimo en comparación con sus beneficios. Se trata de “mallas atrapasólidos” (entren en internet con este nombre y verán múltiples informaciones técnicas y visuales) que vienen a ser unas redes de alta resistencia y capacidad (en distintas disposiciones, según dimensionamientos de las bocas finales) colocadas a las salidas de las infraestructuras comentadas, que retienen los sólidos arrastrados, de modo que tras los episodios de lluvias (normalmente cuando se observa que van colmatándose) pueden ser retiradas a vertedero y sustituidas por nuevas (se pueden vaciar y reutilizar, pero ahí cada cual valora sus costes respecto al bajo precio de las nuevas y la incidencia que crea pueda tener la malla en vertedero, pues no quiero entrar aquí en una dinámica de reproches por indicar su enterramiento, por mínimo, aunque me sorprendería que alguien utilizase ese concepto, mientras nunca se ha preocupado de evitar la contaminación a los cauces que estoy comentando). La instalación de estas mallas se hace de modo que pueden ser sobrepasadas por un cierto nivel de vertido, ya que, de otro modo, serían una obstrucción total a la salida, con sus lógicos y perniciosos resultados aguas arriba. Pero todo lo que atrapan, que es mucho (vean las documentaciones visuales que he indicado antes y que los medios informativos pueden reproducir, por si quieren refrendar esta información-), deja de entrar en nuestros cauces. Estos sistemas llevan años puestos en el mercado y se están instalando por buena parte de empresas de servicio de nuestra geografía nacional (Cataluña, Andalucía, Comunidad de Madrid…), que están reportando datos muy relevantes respecto a las cuantiosas toneladas de residuos retirados. Aquí ya se puso sobre la mesa en su momento, hace bastantes años, con el resultado correspondiente que pueden adivinar. A ver si hay suerte y, de publicarse este escrito, se reacciona, pues no se puede estar enarbolando la bandera medioambiental solo desde los despachos. Hay que ser coherentes tanto en lo relativo a lo que se predica, como en ser útil a la Sociedad que te paga el sueldo. Y, como estamos hablando de cauces, esto va también por las Confederaciones Hidrográficas que no proceden a sus limpiezas (maleza muerta, árboles caídos, riberas angostadas, sedimentaciones, etc) e, incluso, se oponen a ellas cuando las propias entidades municipales (y otras entidades de afectados) las requieren insistentemente o quieren hacerlas por su cuenta. Luego vemos los resultados, y nos echamos las manos a la cabeza, pero ahí se sigue.
Javier M. Elizondo Osés, Ingeniero Técnico asesor en el ámbito del agua (abto. y snto.)