Estamos avisados...
Publicado el 25/11/2024 a las 07:32
Va a cumplirse un mes casi de la que con toda probabilidad haya sido la catástrofe natural más importante que ha sufrido España en toda su dilatada historia. Nuestras comunidades hermanas de Valencia y Castilla La Mancha están sufriendo la furia implacable de una naturaleza desatada que ha descargado sobre ellas un castigo que muy bien podríamos calificarlo de inconmensurable por cuanto es imposible medir tanta devastación, llevándose indiscriminadamente por delante todo lo que ha encontrado a su paso. Comenzando por lo más valioso, las incontables vidas de niños, ancianos, mujeres y hombres de toda edad y condición, dejando a los supervivientes de esta catástrofe sin parangón en la más absoluta miseria. Sin sus casas, enseres y todo aquello de primera necesidad que les permita una mínima y decorosa subsistencia. Toda la ayuda que les ofrezcamos será poca para cubrir sus necesidades más perentorias. Las escenas que estamos viendo son tan dantescas que encogen el corazón. Mientras las familias de los muertos comienzan a enterrarlos, (Honor y Gloria a todos ellos) las de los desaparecidos están al borde de la desesperación ante la angustia de ver pasar los días sin saber nada de ellos. Fuerza para que puedan soportar lo insoportable.
Esta tragedia que estamos viviendo nos recuerda que nuestro ayuntamiento - es verdad que de esto hace ya muchos años- cometió la infinita irresponsabilidad y torpeza de conceder licencia de construcción de viviendas justamente en terrenos inundables de nuestro río Arga en el barrio de la Rochapea, en donde había huertas desde siempre, entre ellas las de mis tíos Alejandro Zabalza y Sabina Iriarte, con sus 8 hijos (5 de ellos frailes dominicos). Aquel ayuntamiento, empecinado en el error, se apresuró a conceder la cédula de habitabilidad a los propietarios de esos pisos una vez terminados. Como es natural, desde entonces, se han vivido varias riadas importantes, (una de ellas en verano, a finales de junio) que pusieron en grandes apuros a los propietarios de garajes pues todos sabemos, (como se ha demostrado en Valencia) que el binomio coche / garaje puede resultar una trampa mortal, una ratonera en caso de emergencia. Hasta el punto de que algunos han perdido su vida por intentar salvar su coche sin considerar que una vida es infinitamente más importante que todos los coches juntos. Para muestra vaya este ejemplo. En una de esas grandes riadas, hace no demasiados años, una mujer se vio atrapada en su garaje y con el agua hasta el cuello, gritaba pidiendo ayuda al ver la muerte de frente y sin posibilidad de salvarse por sus propios medios y quiso el azar que un joven valeroso hasta el heroísmo, al oír sus gritos, decidió jugarse el todo por el todo, incluyendo su propia vida, para salvarla con final feliz saliendo ambos al exterior sin daños personales. Fue algo milagroso, afortunadamente.
Sugiero a nuestro Ayuntamiento que, si no lo ha hecho ya, active un protocolo por mor del cual prohíba taxativamente la entrada a aquellos garajes en situaciones de grandes riadas a fin de evitar cualquier riesgo como el que hemos descrito. Estamos avisados.