¡Todos somos Valencia!

Bernardo Doñoro Albillo

Publicado el 12/11/2024 a las 07:37

“Nada es una isla, completa en sí misma; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, pues estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntas por quién doblan las campanas; doblan por ti.” Este poema que fue escrito por el poeta inglés John Donne en 1624, Hemingway lo empleó como prefacio de de su obra “Por quién doblan las campanas” y fue leído en las ocho lenguas de los fallecidos en el atentado de Las Ramblas de Barcelona en 2018.

Creo que este magnífico escrito tiene plena actualidad para abordar la vertiente emocional de la catástrofe de Valencia. Dejando a un lado otros aspectos no menos importantes de la tragedia (muertes, daños materiales, causas, gestión…) que están siendo tratados ampliamente en todos los medios de comunicación, queremos enfatizar esta dimensión humana que se visibiliza en la magnífica eclosión del voluntariado, predominantemente juvenil, que está contribuyendo a paliar la tragedia.

No podemos olvidar que nuestras conexiones con los demás, por muy alejados que estén geográficamente de nosotros, son mucho más fuertes de lo que creemos y, sobre todo, nuestro grado de influencia en la marcha del mundo es mucho más potente de lo que parece. Decía el célebre Maharishi Mahesh Yogi que si el 10 % de la población mundial meditase, se lograría que el 90 % de los habitantes de nuestro planeta cambiaría su forma de pensar. Alguien ha dicho que “toda alma que se eleva, eleva el mundo” y en este aspecto cobra sentido la conocida frase de N. Amstrong al pisar la luna en 1969: “Es un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad”. Cuando activamos nuestra consciencia unitaria se libera una energía misteriosa, pero real, que contribuye al logro de un mundo mejor. Según recientes investigaciones, se ha demostrado la influencia benéfica de un grupo de meditación u oración sobre la salud bio-psico-social (OMS) de otras personas impetrando la mejora de la conducta o la salud de un determinado colectivo, constatándose la disminución de la tasa de criminalidad así como el incremento del bienestar de los enfermos o de la resiliencia de los afectados por una adversidad.

Solamente lograremos que nuestro mundo mejore si sustituimos nuestra inconsciencia egóica por una consciencia no dual de la unidad que somos. Si viviéramos este nuevo paradigma, nada ni nadie se sentiría aislado, abandonado, olvidado, empobrecido y, menos aún, mal-tratado. Además de nuestra solidaridad a través de nuestra colaboración material con los afectados por la tragedia de Levante, es necesario que, sobre todo, empaticemos con el dolor de las víctimas ya que son parte de la unidad que todos formamos. En este sentido, podemos decir que, en verdad,”¡Todos somos Valencia!”. No olvidemos que la raza humana ha sobrevivido a través de la evolución no gracias a la inteligencia del homo sapiens, sino a la solidaridad del homo empaticus. Afortunadamente, la hipótesis del “gen egoísta” de Richard Dawkins (1976) ha sido superada por la tesis del “gen altruista” de Edward Wilson (2015). Decía el P. Arrupe: “No me resigno a que cuando ya no esté, el mundo siga como si yo no hubiera existido”. Algunas culturas ancestrales tienen muy interiorizada esta consciencia unitaria, como lo demuestra la palabra “Ubuntu” que en una tribu africana significa “Yo soy porque tú eres”. Recientemente (2020) se ha publicado “Ubuntu” de Mungi Ngomane, prologado por su abuelo, el Arzobispo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz en 1984.En el Diario de Navarra (25/08/16) se publicó un magnífico escrito de Javier Otazu y Félix Zubiri bajo el título “A nuestra clase política le falta “Ubuntu”. Según prestigiosos neurocientíficos, recopilados por Herbert S. Klein en “La revolución generosa” (2011), nuestro cerebro está diseñado para alcanzar su felicidad a través de la solidaridad. Esta realidad misteriosa la visibiliza ingeniosamente el conocido psicólogo Fidel Delgado cuando escribe esta palabra: “Feliz y Dad”. Es decir, cuando damos, se nos da (por añadidura) la felicidad y solamente podemos ser felices cuando (nos) damos…

Me gustaría finalizar con la frase que, como broche de oro, cierra el escrito publicado recientemente en esta misma sección bajo el título “¿El cambio climático en Valencia?” (D.N., 6/11/24) “Acompañamos a los fallecidos en una meditación para que se fundan con el amor y paz universales.”

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