Ni 24 horas
Publicado el 18/09/2024 a las 07:24
La pregunta era cuánto iba a durar esta vez sin ser vandalizada. Me refiero tanto a la última obra de LKN como a la pasarela sobre el río Arga que une la plaza de la O de San Jorge con el parque de la Biurdana. Cuando Pamplona “primaveraba” fue la primera vez que repintaron la pasarela para adecentarla de los grafitis. Recuerdo que al acercarme, un penetrante olor a disolvente, impactó en mi pituitaria. Y recordé a un jefe que le ponía esnifar los rotuladores con ese aroma. El trabajo, de la brigada subcontratada, para adecentar el mobiliario urbano, me hizo reflexionar sobre cómo han cambiado las pintadas. Desde las antiguas frases con mensaje e ironía ( “No queremos medio ambiente”, lo queremos entero o “Si el trabajo es salud que trabajen los enfermos”) a los modernos grafitis, entre los cuales debemos distinguir entre la mayoría garabatos de firmas con tipología de letras exageradas y colorines varios que no apartan ni una sonrisa al verlos por su falta de contenido. A otros que juegan con la perspectiva y nos brindan una paradoja visual o los que como Banksy o LKN nos sorprende a los viandantes con una obra que nos hace reflexionar sobre ciertas actitudes de nuestra sociedad. Y que, además, están bien realizados.
Al volver a pasar por la pasarela, me fijé que el trabajo no estaba bien terminado. Bien por la prisa de los operarios por acabar, o por no tener una brocha pequeña para acceder a los puntos en donde el rodillo no entraba. Y me recordó el termino alemán Anmmutung o el gusto por el detalle de hacer las cosas bien, y lo poco que se cultiva hoy en día. En donde las prisas, las ganas de acabar o la búsqueda de la máxima rentabilidad impiden hacer un trabajo profesional. Y lo convierten en una chapuza. El caso es que a los dos o tres meses la pasarela volvía a estar colonizada por grafitis, o mejor garabatos, de firmas y colorines. Me pregunté entonces si estos “gamberros” harán lo mismo en las paredes de sus casas. Y como con tantas cámaras que tenemos en la ciudad, no daban con ellos. Ya que si les gusta tanto pintar podían reparar ellos el color original del mobiliario urbano y el coste lo pagasen sus progenitores o tutores. El caso es que la subcontrata lo volvía a repintar. Aunque esta vez en alguna zona se intuía debajo unas de las mamarrachadas. Al pasar pensé que cuánto iba a durar esta vez el apaño.
Y no llegó a 24 horas, cuando al día siguiente me encontré con otro par de firmas en espray empezando a colonizar la pasarela cuan nuevos líquenes artificiales. Mientras, en otro lado de la ciudad, LKN nos había obsequiado con una obra nueva. Como siempre de una manera provocativa, poniendo nuestra atención a reflexionar y replantearnos las actitudes machistas de nuestra sociedad. El caso es que tampoco ha durado 24 horas. Gamberros hay muchos en esta ciudad. Unos chapuceros con sus botes que nos pintarrajean la ciudad y otros analfabetos machistas que destrozan las pocas obras que merecen la pena perdurar. Es muy difícil ser un Banksy o un LKN. En Pamplona podemos disfrutar de LKN. O, debiera decir, podíamos.