Y el resto reciclando...
Publicado el 10/09/2024 a las 07:38
Es público y notorio que cada vez hay más personas con ingentes cantidades de dinero y entre estos multimillonarios, podría mencionarse como uno de los más acaudalados, al propietario de Amazon, Jeff Bezos.
Este mes de agosto el todopoderoso de Amazon (que gana 149.000 dólares en un minuto) se ha comprado un jet privado valorado en 80 millones de dólares y ha realizado él solito 28 vuelos en un mes, contaminando el equivalente a una persona en 17 vidas. Elon Musk, el magnate de Tesla y Twitter, ahora red social llamada X (íntimo amigo de Donald Trump y que en la actualidad financia su campaña), tiene tres aviones privados: un Falcon, un Boeing 757 y un Gold Star dotado de un motor Rolls-Royce (interiores de madera de nogal y detalles de ébano negro, con cocina de mármol de Casablanca y cuero).
Podemos citar también otros casos flagrantes de ostentación y lujo como a los fundadores de Google, que se hicieron inmensamente ricos con el motor de búsqueda. En 2014 compraron su primer avión y ahora tienen una flota de 8 jets privados que incluye: Boeings, Falcons y aviones Dassaults, además de una terminal en el aeropuerto de Silicon Valley valorada en más de 82 millones de dólares. Para estos ricos, comprarse un jet privado debe ser la forma más descarada de anunciar su visita, y así de paso, campar a sus anchas por la tierra y por los confines del cielo. Estoy seguro que habrá más de uno (espero, sinceramente que sean minoría), que pensarán que no hay nada de malo si pueden pagarse con su dinero, “estos caprichitos de nada”, pero resulta cuando menos obsceno ver todo ese despliegue de ostentación y lujo en un mundo que se ha convertido en un lugar cada vez injusto y desigual. Sin embargo, la paradoja resulta manifiesta, máxime cuando desde los poderes públicos se exige o se fomenta reciclar la basura, la adquisición de coches eléctricos con ayudas europeas, incorporar carriles bicis y otras series de actuaciones, muchas de ellas cuestionables, con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera. Al hilo de estas reflexiones, cabe destacar que las administraciones y hasta donde yo conozco no hacen absolutamente nada para poner freno o regular la huella de carbono de estos multimillonarios que, a la vista de las cifras, son absolutamente gigantescas, disparatadas y contrarias al sentido común. A recordar una vez más, y para que se quede en el imaginario colectivo: Jeff Bezos en un mes, ha contaminado, él solito, tanto como una persona media en 17 vidas. ¡Casi nada!