¿Trabajar más? ¿Trabajar menos?
Actualizado el 06/07/2024 a las 08:31
Como sabemos el ser humano no es el único ser vivo que trabaja, las hormigas trabajadoras, también conocidas como obreras, son las encargadas de las labores diarias dentro y fuera del hormiguero. Estas tareas incluyen la búsqueda de alimento, el cuidado de las larvas y la defensa del hormiguero.
Además de las obreras, las colonias de hormigas también incluyen reinas, que son las únicas hembras capaces de poner huevos, y los machos, cuya principal función es la reproducción. Estos roles están distribuidos de manera que maximicen las posibilidades de supervivencia y éxito reproductivo de la colonia en su conjunto.
Es conveniente que tengamos claro que hablar de trabajo es hablar de supervivencia, ya que solamente a través del trabajo encontraremos la forma de abordar los problemas y generar las soluciones que precisa la condición humana. El trabajo evoluciona a través de la tecnificación y la organización que van modificando las condiciones laborales, si bien podemos decir que disponemos de empresas más eficientes, competitivas y capaces de adaptarse rápidamente a los cambios en el entorno económico y tecnológico, la pérdida del sentido del trabajo y de la propiedad es visible y tiene sus consecuencias. No es lo mismo una persona propietaria de una tienda de barrio, que una persona que repone o está en la caja de un centro comercial. Tampoco el de un tractorista que trabaja por cuenta ajena y el de un agricultor que cultiva sus tierras. Aunque hablamos de actividades iguales, el sentido del trabajo es muy diferente en uno y en otro caso.
A lo largo de la historia, la percepción y la valoración del trabajo han variado significativamente. En algunas culturas y épocas, el trabajo físico era visto como una tarea degradante, destinada a esclavos o clases bajas, mientras que el ocio y la contemplación eran privilegios de las clases altas. Con la Revolución Industrial, el trabajo comenzó a ser visto como una fuente de valor y progreso personal y social, pero la avaricia por maximizar el dinero desconsideró el sentido del trabajo y la dignidad de las personas, permitiendo los trabajos, monótonos, repetitivos, peligrosos e insalubres, lo que preciso de la puesta en marcha de políticas sociales para mitigar los problemas, que no logran de momento evitar en muchos casos, la insatisfacción, los accidentes y otros daños a la salud.
Sabemos que los problemas de la condición humana son complejos y están interrelacionados, y no parece que los instintos destructivos y autodestructivos se estén viendo reducidos por el progreso. Además, seguimos sin hacer frente de forma eficaz y coordinada a la reducción del riesgo desastres, a la que según todos los pronósticos nos llevará el cambio climático. Creo que la prioridad no es tanto si trabajar más o trabajar menos, sino de qué forma damos sentido y propósito al trabajo que realizamos para construir un mundo mejor.