Siete de julio, San Fermín

Enrique Iriso Lerga

Publicado el 29/06/2024 a las 08:38

San Fermín es uno de los navarros más conocidos del planeta tierra. La Pamplona de siglos recupera sus raíces civiles y cristianas más profundas festejando a San Fermín. Desde el siglo IX se vienen celebrando en la ciudad francesa de Amiens, la Venecia del norte, las fiestas litúrgicas en honor de su primer obispo: 13 de enero, descubrimiento de las reliquias; 25 de septiembre, martirio del santo, su Dies Natalis ; 10 de octubre, entrada del Santo en la ciudad. En Pamplona el culto y devoción a San Fermín se inició en el siglo XII (1186), cuando Pedro de París, obispo de Pamplona, recogió el cráneo del mártir de manos del obispo local Thibault d´Heilly. El calendario litúrgico de Pamplona era similar al de Amiens, hasta que en 1591 el Ayuntamiento eligió el siete de julio para celebrar la fiesta solemne de nuestro patrón, sereno y santo universal.

En el mundo bíblico se conmemoraban los acontecimientos para que no quedaran en el olvido y se transformaran en memoria viva. La memoria expresa la preservación de algo grande, importante y real. Así, el siete de julio forma parte de la memoria compartida de los pamploneses. Memoria que comunica una generación a la siguiente lo que ha sucedido. Memoria que pasa de padres a hijos y a nietos. Memoria que recuerda lo que nos une. Memoria que mantiene las tradiciones, para que no se borren del tiempo y no queden ignoradas. Aquellos hechos acaecidos no han caído en el olvido, sino que se han transformado en cultura, sociedad, humanidad. San Fermín abandonó el paganismo, sabiendo que arriesgaba su vida, como más tarde quedó demostrado. Optó por la religión cristiana, que defendía un modelo distinto de persona, una nueva antropología: la solidaridad, la vida comunitaria, el amor a los pobres, el perdón, la búsqueda de la verdad, la salvación... La religión pagana se centraba en aspectos rituales y en los sacrificios públicos ofrecidos a los dioses por la eternidad del Imperio “pro aeternitate Imperii”. Magistrados y campesinos sacrificaban vacas como ofrendas votivas a los dioses paganos. Después de tantas centurias San Fermín, varón ilustre, firme en la fe, poseedor de virtudes especiales y poderoso en el trabajo, sigue caminando por las calles de Pamplona. Su memoria forma parte de nuestras vidas. ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!

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