La prevención del acoso escolar
Publicado el 21/10/2023 a las 08:26
El creciente fenómeno del acoso escolar movió a la Unesco a declarar el Día Internacional contra el Bullying en 2020. Este año es el 2 de noviembre.
Quien está sometido a un acoso escolar o bullying reiterado en el tiempo tiene pensamientos negativos, baja autoestima, tristeza, melancolía y posible depresión. Los acosos escolares los suele iniciar un solo alumno, pero la complicidad de los demás, que callan, los convierte en agresión grupal. La víctima es objeto de rechazo solo por ser “diferente”.
La clave para combatir este problema es la prevención, tanto en la familia como en la escuela. El conocido método KiVa se centra en conseguir que el grupo de clase, lejos de ser cómplice, se solidarice con el compañero maltratado. En mi opinión, es fundamental detectar a tiempo a un potencial acosador escolar. Existen numerosos estudios con el fin de determinar el perfil psicosocial que permita identificar al agresor. Suele ser impulsivo, prepotente, mostrarse autosuficiente y mantener una actitud favorable hacia la violencia. Algunos rasgos de su personalidad: carece de empatía, pierde el control con facilidad, actitud jactanciosa, carece de sentimiento de culpa.
Con frecuencia, el origen de este tipo de conducta está en su familia. Se trata de una familia muy permisiva, que no pone límites al comportamiento de los hijos, incluido el acceso a la violencia. En otros casos el hijo agresor sufre la presión de unos padres que tienen a gala ser “ganadores”, proyectando esa mentalidad a sus hijos, que no pueden ser “perdedores”. En consecuencia, se exige al hijo que sea el mejor en su grupo de clase. Pero, ¿qué suele ocurrir cuando el mejor es un compañero, tanto por su expediente académico, como por su carisma (capacidad de algunas personas para atraer y fascinar)? Ocurre que el prepotente no lo acepta y quiere privarle de su liderazgo a toda costa, lo que le lleva primero a aislarle de los demás basándose en supuestos defectos y más tarde a someterle a humillaciones e insultos diarios.
El acoso escolar aún no es suficientemente conocido, a pesar de la iniciativa de la Unesco y a pesar de ser noticia frecuente en la página de sucesos de los periódicos. Se necesita hacer más pedagogía, pero con participación de quienes lo conocen y viven de cerca. El bullying no es un “tema” para la especulación de teóricos, sino una tragedia que requiere soluciones prácticas urgentes. Es hora de dejar de atribuir el maltrato solamente a circunstancias del ámbito escolar. Cada vez el origen del acoso está más en la familia que en la escuela. Es hora también de una mayor colaboración entre padres y profesores tanto en la prevención como en la resolución del problema.
Gerardo Castillo Ceballos, doctor en Pedagogía