Divorcios

Juan Cruz Lara

Publicado el 28/08/2023 a las 07:21

No poder conciliar el sueño, cansancio excesivo, consumo de alcohol o drogas, dificultad de concentración, pensamientos negativos, irritabilidad o enfado, ansiedad, sentimiento de culpa, pesimismo o indiferencia, pérdida de interés en actividades que antes resultaban gratificantes, pensamientos suicidas.

Todos estos síntomas bien podrían ser los de una severa depresión producida por cualquier circunstancia negativa, pero en realidad son, casi todos ellos, producto de un divorcio. Dependiendo de la fortaleza que tengan las dos partes, así serán los síntomas. De cada diez matrimonios que existen en nuestro país siete acaban en divorcio al cabo del tiempo.

La felicidad que supone para la pareja contraer matrimonio es comparable a un chute de adrenalina, pero pasado el tiempo, y en algunos casos, van conociéndose el uno al otro y esa felicidad principal va disminuyendo, pero, ¿por qué ocurre esto? Al momento de contraer, la pareja no se conoce lo suficiente para llevar una vida en común y se dan de bruces porque no creían que iba a ser un hándicap el establecer esa vida comunitaria. Otras situaciones, como la falta de recursos, los celos, los engaños, la pérdida de interés, etcétera son un buen acicate para que el divorcio se lleve a cabo. Por supuesto, cada caso es diferente y no se puede generalizar, pero sí que se pueden extraer datos de los cientos de casos que hay.

No es plato de buen gusto enfrentarse a un divorcio porque el sufrimiento, en según que casos, es lo más parecido a sobrellevar el duelo por el fallecimiento de un ser querido. Es entonces cuando hay que prestar más atención a la persona que lo está padeciendo, porque nunca se sabe qué pensamientos atraviesan su mente. Este asunto del divorcio es más serio de lo que parece.

Otro problema añadido en el momento de la ruptura son los niños; si hay hijos en común, se plantea el dilema de qué hacer con ellos, cómo afrontar la situación sin que sea demasiado perjudicial para los pequeños. Es bastante habitual que sean los jueces los que dictaminen lo que es mejor para ellos, pero antes de llegar a los tribunales, existe la mediación.

Siempre es mejor un mal acuerdo que un buen juicio, pues los mediadores ayudan a organizar todo el tema logístico y el emocional sin que sea una carga más a asumir por la expareja. La cosa no termina ahí porque el vínculo que todavía une a las exparejas son los niños y obligatoriamente tienen que ser atendidos por los dos. Si ese vínculo se rompe, el que lo va a pagar es el niño, pues este necesita de los dos progenitores.

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