Confieso que soy políticamente incorrecto
Publicado el 16/08/2023 a las 07:39
El término “políticamente correcto”, se utiliza para describir el lenguaje, las políticas o las medidas destinadas a evitar ofender o poner en desventaja a personas de grupos particulares de la sociedad. La corrección política clasifica las palabras en libres o censurables. Pero lo que en principio se muestra como tolerancia se está convirtiendo últimamente en una manipulación del lenguaje al servicio del pensamiento único.
Algunos ejemplos: no decir “enfermos de SIDA” sino “personas que viven con SIDA”; no decir “abuelos” sino “personas adultas mayores”; no decir “cárcel”, sino establecimiento penitenciario. Jules Feiffer lo ha explicado en clave de humor: “Siempre pensé que era pobre. Pero un día me dijeron que no era pobre sino ‘necesitado’. Más tarde supe que era contraproducente pensar en mí mismo como necesitado: en realidad era ‘desfavorecido’. Luego escuché el término ‘desafortunado’ pero ya estaba en desuso: hoy soy ‘desaventajado’. Sigo sin tener un centavo; pero he ganado un gran vocabulario”.
Alberto Medina ha escrito La cobardía de lo políticamente correcto. Explica que la ausencia de participación ciudadana pasa por la cobardía estructural de una sociedad que no se atreve a cuestionar muchas verdades que pueden iluminar la oscuridad de nuestro tiempo.
Aceptar mansamente la corriente general solo por no quedar mal, y estar descolgados de supuestas mayorías, nos hace demasiado parecidos al populismo demagógico. Hablar de una manera políticamente correcta podría ayudarnos a evitar ofender a los demás, pero si, en cambio, lo hacemos de forma políticamente incorrecta pareceremos más auténticos y genuinos. Esta es la conclusión de una investigación la Escuela de Negocios Haas de la Universidad de California en Berkeley y que recoge la revista The Journal of Personality and Social Psychology.
El estudio sugiere que el uso de lenguaje políticamente incorrecto como hablar de inmigrantes “ilegales” en vez de “indocumentados” hace que el orador sea apreciado como más auténtico y menos influenciable por otros. “El coste de la incorrección política es que el orador parece menos cálido, pero también menos estratégico y más ‘real’. El resultado puede ser que las personas sientan menos vacilación en seguir a líderes políticamente Incorrectos porque parecen estar más comprometidos con sus creencias”.
Frente a las tendencias totalitarias de lo políticamente correcto, hoy es necesario defender la libertad de expresión frente a la censura y el pensamiento crítico frente al pensamiento único.
Gerardo Castillo Ceballos