Procesiones
Publicado el 12/08/2023 a las 08:28
Lo que vemos suscita nuestras emociones. El fervor entra por los ojos. Esto lo sabían muy bien las autoridades eclesiásticas desde el pontificado de Gregorio el Grande (s. VI). Fomentaron a lo largo de los siglos la iconografía religiosa, conscientes de que la mayoría de la población cristiana no sabía leer. Y a partir de este hecho tan palpable atribuyeron a las imágenes sacras la función pedagógica de instruir. Además éstas remitían al pasado, a la memoria de hechos heroicos, a la vida de los santos y mártires, a la Virgen María, a Cristo… Las imágenes provocaban sentimientos de arrepentimiento y de no volver a actuar mal.
La sociedad ha cambiado. Sin embargo en las fiestas patronales de los pueblos y ciudades de Navarra he sido testigo de que las imágenes de las patronas y patronos impactan en los corazones de los fieles cristianos. Salen a la calle en procesión. Los mozos las llevan en andas. Complacen a la gente. Inflaman la piedad popular. Provocan emociones. Se cantan jotas por gargantas privilegiadas. Las bandas de música marcan el ritmo. Las autoridades civiles y religiosas representan el sentir histórico de la villa. A nivel particular sugieren muchas cosas. Llegan a la inteligencia, a la afectividad, al yo personal. Avivan la memoria y los recuerdos. Los fieles se manifiestan sin complejos. Siguen los pasos de sus antepasados, transmitiendo a sus hijos un modo “especial” de vida.
En el interior de los templos las imágenes son veneradas por lo que sugieren. Embellecen sus muros, capillas y altares. Invitan al respeto, a la belleza, a lo admirable y valioso. El arte sirve para sustentar nuestras vidas.
Enrique Iriso Lerga