Pompelo
Publicado el 27/07/2023 a las 07:26
Pamplona, con sus vocales redondas, fue fundada en el invierno del 75-74 a. C. por Pompeyo, sobre la tercera terraza del río Arga. Roma deseaba someter a las tribus levantiscas del norte de Hispania e impulsar el tráfico comercial por sus calzadas. A partir del siglo IV a. C. Roma optó entre mantenerse fiel a sus orígenes o ampliar sus fronteras, conquistando civilizaciones y pueblos. Eligió el camino de la conquista. Y tomó las armas para mostrar el modo de ser romano, el orgullo de ser descendiente de Rómulo y Remo, los héroes alimentados por la loba en la colina del Capitolio. Una frase define este espíritu conquistador: “Delenda est Cartago”, Cartago debe ser destruida. Los adversarios se ponían de rodillas, pues nada podían hacer contra Roma.
Años más tarde, el poeta Virgilio expuso en la Eneida los objetivos romanos: “Atiende tú, oh Romano, a gobernar a los pueblos con tu imperio; estas serán tus artes: imponer las normas, perdonar a los vencidos y debelar a los altaneros… la única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna”.
La ética del soldado romano era comportarse sin miedo, valientemente, encararse a la muerte durante el combate y salir victorioso, es decir, “actuar heroicamente”. La vida del legionario estaba llena de temores y de estímulos, siempre con la amenaza de entrar en combate. Los soldados, alejados de sus hogares, pensaban que morir por la patria era dulce y digno.
Entregaban sus vidas por el interés general, recibiendo una alabanza inmortal y la más gloriosa tumba, aquella que queda en el corazón de todos los romanos. Pero a parte de la vía militar, Roma era experta en la diplomacia y en la negociación. Sabía ganarse a las élites locales con paciencia y autocontrol, sometiéndolas poco a poco al poder romano. Así surgió nuestra querida Pamplona.
Enrique Iriso Lerga