El adoctrinamiento de Skolae

Gerardo Castillo Ceballos

Publicado el 23/02/2023 a las 07:56

Leo con estupor la carta al director publicada el día 16 de febrero en la que Roberto Peña León afirma de forma tajante que Skolae no es adoctrinamiento. Es una réplica a “educar no es adoctrinar”, una carta publicada el 28 de enero en la misma sección, de la que soy autor. A falta de argumentos, mi amable discrepante recurre a mantras de la ideología de género, pero sin mencionar el de “solo sí es sí”. No es consciente de que con ello está incurriendo en adoctrinamiento. Es algo parecido a quien escribía en prosa sin saberlo.

Conviene recordar que la implantación obligatoria en las escuelas, tanto públicas como concertadas, del programa Skolae pretendía fomentar el descubrimiento de la sexualidad mediante “la vivencia de la sexualidad en el ámbito de la escuela”. Para ello se programaron actividades para niños tan “innovadoras” como los juegos eróticos y los talleres de masturbación. También se diseñaron unidades didácticas sobre el tema del amor, sobre la base de que “la entrega total es un mito del amor romántico, que sirve para perpetuar los desequilibrios de poder existentes”. Eso es educar para la igualdad. Todo un elogio del sexo sin amor. Se supone que a los cinco años el niño puede disentir de esas ideas, por lo que nadie puede decir que le están adoctrinando.

La situación de alarma social tras el inicio se Skolae en 2018 fue tal que la Confederación Católica de Padres de Alumnos (Concapa) se opuso al programa Skolae, por considerar que se caía en el adoctrinamiento. Por ese motivo, en 2020 el Tribunal Superior de Justicia de Navarra (TSJN) emitió una sentencia declarando “nulo de pleno derecho” la implantación del programa Skolae de educación afectivo sexual. En el año 2021 el Tribunal Supremo ratificó la anulación de ese programa en una resolución que no admite recurso. Pero como las ideologías totalitarias están por encima de las leyes, Skolae siguió para así salvarnos a todos de las desigualdades, queramos o no queramos. El gobierno no tiene potestad educadora en terrenos que afectan a lo más íntimo de la persona, donde las familias tienen la autoridad moral, tal y como reconoce el Derecho natural y la Constitución. Y la ideología de género es un modelo antropológico que no tiene refrendo científico alguno.

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