La sanidad pública y la huelga del sindicato
Publicado el 04/02/2023 a las 08:37
Estos días abundan las noticias sobre la negociación entre la Administración Pública y el Sindicato Médico. Reivindicaciones salariales, sobrecarga laboral, escasez de medios y otros agravios. Negociar sí, pero sobre la mesa ante todo deben estar las necesidades de los ciudadanos. ¿Nos hemos olvidado de las necesidades de los ciudadanos? Los cuales son en realidad los que pagan con sus impuestos todos esos sueldos y servicios. Comparto casi todas las reivindicaciones y añadiría la inexplicable dejadez de la Administración respecto a los puestos de trabajo estructurales y fijos que se ocupan con contratos temporales. ¿En fraude de ley?
Como expresé en su día, no comparto y menos entiendo que los representantes de la Administración sean quienes ofrezcan suprimir la dedicación exclusiva, establecida en la Ley Foral 11/1992 del 20 de octubre, negociada en su día con el Sindicato Médico. Todos conocemos los argumentos interesados a favor y en contra de la dedicación exclusiva. Lógicamente, mis argumentos como ciudadano son a favor de que no se suprima, porque considero como bien expresa el Sindicato Médico que “la Sanidad Pública estará herida de muerte”.
El primer argumento que esgrimo, la dificultad para acceder a ciertas especialidades con listas de espera nada razonables para los ciudadanos. Muchos deben acudir al sistema privado, con ingente incremento de costes, normalmente no reembolsables, y son atendidos por los mismos médicos de la Sanidad Pública. Es por ello que optan por seguros privados, convencidos de no estar siendo atendidos debido al deterioro actual del sistema de salud. El segundo, el acceso a ciertas tecnologías. Ejemplos sencillos como la carencia de acceso a implantes dentales, implantes trifocales oculares, rehabilitación y cada vez más tecnologías. Valga como ejemplo la sentencia del Tribunal Supremo en 2019 por un caso de alta tecnología: una mano biónica que la Sanidad Pública no le ofrecía al paciente. Fue recurrida en tribunales y fallaron en favor del trabajador. Más de uno pensará que es un lujo y está en lo cierto, es un lujo para quien no lo puede pagar.
Una cosa es la teoría y los argumentos interesados y otra muy distinta es la realidad y las necesidades de los ciudadanos con ella. ¿Estamos en una pendiente resbaladiza para los ciudadanos? No es exagerado lo que expreso, ya existen diferencias y, si se suprime la dedicación exclusiva, estamos abriendo un nuevo frente de desigualdad.