Consideraciones sobre el triunfo

Carmen Oloron Goñi

Publicado el 22/01/2023 a las 08:55

Leído el pasado día 19 en nuestro estimado Diario de Navarra el estupendo artículo de Luis Arbea “Triunfar en la vida” me he permitido añadir esta carta al tema planteado por una serie de motivos que no vienen al caso. El autor del escrito, psicólogo y filósofo, desgrana con todo acierto lo subjetivo y personal que puede ser el triunfo para cada persona, para cada ser humano, en definitiva, para cada uno de nosotros. Se diría que hay tantas interpretaciones de lo que significa triunfar en la vida, casi, casi, como personas circulamos por el planeta azul. Si el triunfo se asocia a cotas altas de poder, prestigio, popularidad y medios económicos, está claro que el ego tiene un papel destacado en esta historia. Si por el contrario el triunfo se asocia con fines más humildes; familia, trabajo y un cierto bienestar, el ego iría perdiendo terreno. En cualquier caso unos y otros, cada uno a su manera, lo que se persigue consciente o inconscientemente, parece que tiene un nombre: felicidad.

Con todo ello, en mi aportación al tema planteado quiero contar una historia recientemente conocida, que quizás haga reflexionar sobre el significado más profundo del “ triunfar en la vida “. Este es un hombre que estudió en Pamplona hace muchos años, después, entre otras cosas, obtiene el Premio Nacional de Derecho, más tarde Master en Administración de Empesas en Harvard. Suma y sigue -me pierdo en su curriculum-. Empresario de éxito se dedica además a asesorar a grandes fortunas y cual rey Midas, convierte en oro cuanto toca. Relaciones al más alto nivel internacional, vive en Miami y repito que su currículum es el más espectacular que una servidora haya visto nunca. Familia envidiable, un matrimonio ejemplar y seis hijos extraordinarios. La salud y el dinero también le han acompañado en su recorrido de triunfador indiscutible. ¿Qué más se puede pedir? Pues héteme aquí que este hombre comprueba en primera persona que le falta algo para ser feliz; más, que cuantos empresarios millonetis caen en sus manos, tampoco son felices. Y él, cumplidos los cincuenta e inteligente hasta decir basta, da un giro radical en su vida, buscando quizás la piedra filosofal que le conduzca a esa felicidad inaprensible. Abandona su imperio financiero y dedica unas doce mil horas de su tiempo a estudiar todas las disciplinas imaginables, desde el misticismo en todas y cada una de las latitudes hasta la relación entre física y espiritualidad, filosofía integral, psicología transpersonal, física cuántica, etc. etc. Con las espaldas cubiertas, la inquietud por bandera y unas capacidades fuera de serie, ha invertido diez años de su vida para adquirir unos conocimientos que hoy nos regala a través de las plataformas y redes sociales. También regala sus libros, por lo que la misión y el servicio de este sabio no pueden ser ni más, ni mejores. De raíces cristianas y trascendido todo ego por su parte, digamos que su felicidad tiene como base la paz interior, que deviene de la aceptación de la realidad (o voluntad de esa Inteligencia Superior que tiene muchos nombres). Y lo bueno de la historia es que todos estos planteamienos no son teorías, sino hechos y situaciones plenamente verificados.

Así que volviendo al “triunfar en la vida” preguntaría, ¿cuándo alcanzó este hombre dicho triunfo? ¿Cuando montado en el dólar había llegado a lo más alto ? ¿O cuando cambió todos los éxitos que la vida puede ofrecer por ayudar a la gente a alcanzar la paz interior y de paso la felicidad ?

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