La fábrica de chocolate

José Ignacio Palacios Zuasti

Publicado el 12/01/2023 a las 07:20

Loli Cayuela Pascual habla en estas páginas del actual Parlamento de Navarra. Dice que nuestra comunidad es “la segunda en número de personal en el Parlamento”. Se refiere a los sueldos de nuestros parlamentarios forales, dice que “del chocolate del loro nada” y añade que “somos en Europa la fábrica del chocolate” y que “algunos viven como auténticos chocolateros”. En definitiva, está describiendo la actual profesionalización del Parlamento de Navarra.

Pertenecí a esa Cámara en su III Legislatura (1991-1995), un tiempo en el que la excepción eran los parlamentarios que tenían dedicación exclusiva. La gran mayoría de sus miembros vivíamos de nuestra profesión y dedicábamos un tiempo a las tareas legislativas. Así, en mi Grupo Parlamentario, el más numeroso, había abogados, agricultores, empleados por cuenta ajena (alguno de ellos en la cadena de montaje), estudiantes, farmacéuticos, industriales, profesores y hasta un ama de casa. Todos estábamos incardinados en la sociedad y palpábamos sus problemas y sus sensibilidades, por lo que las podíamos trasladar al Parlamento. La cotización a la Seguridad Social corría a cargo de nuestros respectivos trabajos y las retribuciones de la Cámara eran dietas por asistencia a pleno o comisiones que, generalmente, se celebraban por la tarde, por lo que los meses que no había actividad (enero, julio y agosto) prácticamente no se percibía ningún dinero.

A pesar de que no había dedicación exclusiva, sirva como ejemplo lo realizado en el tercer año de esa Legislatura (1993-1994): el Pleno celebró 14 sesiones con 19 reuniones, y las diversas Comisiones 108 sesiones, con 133 reuniones. En ese año, según la Memoria de Actividades de la Cámara, como función legislativa se aprobaron 12 leyes forales, 2 proposiciones de ley foral y 4 decretos forales. Además, se aprobaron 12 resoluciones, 2 declaraciones institucionales, 1 Plan, 1 Programa de actuaciones y 1 convenio. Y como labor de impulso y control al Gobierno, además de la Comisión especial de Investigación de las comisiones de obras públicas en la etapa del Gobierno anterior, hubo 1 interpelación, 2 preguntas con respuesta oral en pleno, 159 preguntas con respuesta escrita, 77 comparecencias del Gobierno en Comisión y estas, además, celebraron 44 sesiones de trabajo. Los parlamentarios, al amparo del artículo 13 del Reglamento de la Cámara, hicimos 60 peticiones de información. Y todo este trabajo lo realizamos sin asesores, en una etapa en la que no existía Internet y en la que, a los que ya lo teníamos a modo particular, se nos vetaba acudir a las reuniones con nuestro ordenador personal. Y todo esto que digo se puede aplicar también al régimen de los concejales en los ayuntamientos.

Con los años todo cambió. El Parlamento se profesionalizó. La gran mayoría de sus miembros solamente “trabajan” en la Cámara, por lo que no tienen relación con la sociedad a la que representan y se han convertido en auténticos ectoplasmas. Los plenos se celebran ahora todas las semanas y comienzan a las diez de la mañana. Trabajen o no, tienen un sueldo fijo los doce meses del año y el Parlamento cotiza por ellos a la Seguridad Social. Además, cuentan con asesores, ordenadores y móviles que les proporciona la Cámara y cuando dejan de ser parlamentarios, durante un tiempo, tienen derecho a cobrar una cesantía.

Por eso, como escribió en este periódico Albito Viguria, parlamentario de las primeras legislaturas, todos ellos están afanosos en ocupar su puesto en la rotonda, en repetir y en impedir que otros puedan entrar en ella ya que por cada uno que accede, otro tiene que salir, con lo que se le acaba el momio. ¿La situación actual es mejor o peor que la anterior? Eso, cada votante/contribuyente lo tendrá que juzgar.

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