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Desnudos sin móviles

  • José Mª Redín Berdonce
Publicado el 04/12/2022 a las 08:31
El móvil, aparato este que ya no puede faltar en cualquier reunión de amigos o carácter familiar. Y es que a tal punto ha llegado la necesidad o presencia de este nuevo artilugio que sin él parecería uno desnudo o falto de personalidad. El otro día me contaba un amigo invitado a un cumpleaños familiar que ya antes de sacar la tarta y sin poner las velas en su lugar el dichoso aparatito empezó a sonar. No es que fuera nada extraño ni emitiera música celestial pero de ahí al poco rato ya era el rey de la reunión, por no decir la estrella principal... Y es que era tal su atracción y la forma de actuar que entre llamadas, fotos, “guasap” y todo lo que el aparatito podía enseñar que nos pasamos la mitad de la velada mirando y alucinando como bobos lo que el nuevo artilugio nos podía enseñar. Y me decía este amigo ya de cierta edad “Yo para mí que estamos llegando a tal dependencia de las nuevas tecnologías que estamos olvidando la sana costumbre de conversar, los sentimientos y hasta el afecto personal”. Y no le faltaba razón… Por poner un ejemplo, no hay más que ver cuando vamos de viaje en autobús o cualquier medio de locomoción personal, el que no está enganchado al móvil bien por una llamada mirando una foto o mandado un “guasat” está buscando juegos de azar. Eso sino está con los cascos puestos y el pensamiento en otro lugar. Pero esto ya no solo sucede en reuniones, fiestas o celebraciones de tal o cual entidad, también ocurre cuando vamos al campo o simplemente con ánimo de pasear. Por no decir la presencia cada vez mayor entre jóvenes estudiantes de escuelas y colegios donde lo prioritario es estudiar y educar. También aquellos que en edad temprana como es la primera comunión, formándose en unos valores que en la vida van a necesitar, el primer regalo que piden y reciben - ¡cómo no!- el dichoso móvil. Quizás con la excusa de que así no se perderán. Y sucede al revés porque la vida hay que vivirla y más a esa edad. Así que una de dos, o nos dejamos arrollar por estas nuevas tecnologías que tarde o temprano nos tienden a esclavizar o la dedicamos a vivir una vida sana hablando y dialogando con los demás.
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