La conducta del pirómano
Publicado el 29/07/2022 a las 08:31
El geógrafo e historiador Estrabón (Siglo I a. de C.) decía que una ardilla podría atravesar desde Cádiz hasta los Pirineos yendo de rama en rama, dada la boscosidad de nuestra Península Ibérica. Si levantara la cabeza ahora mismo, qué diría después de doscientas mil hectáreas consumidas por el fuego. “Las negligencias y accidentes y la intencionalidad son las causas que copan el 87,35% de la superficie total forestal afectada”. Parecen razones más que demostradas que las quemas agrícolas ilegales, la quema para regenerar pastos y la piromanía, son las tres causas más habituales en todas estas catástrofes del fuego.
Sin embargo, haciendo un repaso a la bibliografía con la que podemos contar, los pirómanos son solo entre un 1,7% y un 4%. Sí, hay muchos menos de los que pudiéramos creer, pero son suficientes para los destrozos que generan. Además, nos guste o no, siempre los ha habido y seguirá habiéndolos. Una persona es pirómana cuando psicológicamente disfruta y siente satisfacción profunda quemando, viendo la estética-dramática de las llamas… Quienes no tienen ese rasgo de satisfacción psicológica, son incendiarios. Personas con perfiles muy esquizotípicos, otros, con rasgos muy marcados de venganza, bien a un vecino por sus cosechas, por un proceder de herencias, bien por hacer daño y disfrutar de él.
Desde las revisiones clínicas del llamado DSM-II hasta el DSM-V (estadística de los trastornos de la conducta y mentales) se ha considerado al pirómano como un trastorno mental dentro de los trastornos disruptivos, del control de los impulsos y de la conducta. Estas personas suelen tener una fijación excesiva en el fuego y necesitan calmar su tensión y ansiedad de alto nivel, sosegando sus impulsos y obteniendo una satisfacción -sin ser excesivamente conscientes, del daño que puedan producir- cuando producen el fuego; ese impulso es tan fuerte y al mismo tiempo tan agradable y satisfactorio, que no pueden controlarlo, es más fuerte que su voluntad. Nos cuesta llegar a entenderlo, pero tienen una necesidad incontrolable de llevar a cabo un acto perjudicial o ilegal, sin tener en cuenta las repercusiones que puedan tener. ¡El embeleso del fuego les hipnotiza!
Ya hace años que Gastón Bachelard incidía en su libro Psicoanálisis del fuego, la enorme fuerza que tiene el fuego desde muy antiguo en el devenir del pensamiento humano, no solo como elemento griego primordial de la vida, sino como algo ancestral y profundo que a todos nos encandila. Recuerdan de niños, el placer de encender una cerilla, jugar con el fuego del hogar -cuyo peligro se prevenía con aquello de que “si juegas con el fuego, te mearás en las cama”-, y en la actualidad apagar las velas de un cumpleaños sigue el rito festivo de lo que supone para los niños la llama, el fuego de la noche de San Juan y las hogueras. El fuego es un elemento que atrae, tanto que es y sigue siendo un paradójico purificador y al mismo tiempo devastador.
Pues el pirómano percibe una fascinación, un rédito, una curiosidad por el fuego y sus circunstancias, que no puede controlar ese impulso tan fuerte y beneficioso contra la angustiosa y desagradable ansiedad que se concentra en su corteza frontal, la cual es aliviada observando la atracción de las llamas, llegando a ser una conducta obsesivo-compulsiva.
Emilio Garrido Landívar, Dr. especialista en Psicología de la Salud