El teniente coronel González-Tablas, ese desconocido
Publicado el 20/06/2022 a las 07:10
Aunque el pasado día 13 de mayo se cumplió el centenario de la muerte, a los 43 años de edad, de Santiago González-Tablas y García-Herreros, en su tierra natal esa fecha ha pasado prácticamente desapercibida y las reseñas que se le han dedicado han sido comparables a la de la muerte del torero Granero o a la de la prueba de carga de la nueva Plaza de Toros de Pamplona que acaecieron en esos mismos días de 1922.
Santiago González-Tablas nació en Pamplona el 9 de febrero de 1879. Era hijo del teniente general Ramón González Tablas, tenía dos hermanos más militares (Ángel y Lucio) y su hermana Maravillas estaba casada con Daniel Irujo (alcalde de Pamplona, presidente de la Cámara de Comercio y socio fundador de Diario de Navarra), con el que tuvo una familia numerosa (los Irujo-González-Tablas) de la que en la actualidad en nuestra tierra hay una gran prole de nietos, bisnietos y tataranietos.
El 31 de agosto de 1894, con 15 años de edad, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo y al salir de ella como oficial pasó a Cuba, donde mereció dos cruces rojas de guerra, y, después, se diplomó en Estado Mayor.
El acuerdo adoptado en la Conferencia de Algeciras de 1906, por el que se asignó a España el Norte de Marruecos, marcaría su carrera militar pues en 1909, ya como capitán, pidió voluntario ser destinado a Melilla, donde actuó con brillantez en los combates de la toma de la Alcazaba de Zeluán y de Beni-bu-Ifrur, por lo que fue ascendido al empleo de comandante.
En 1911, al estallar la ‘Guerra del Rif’, se creó, como fuerza de choque y vanguardia, una Unidad de Infantería con la denominación de ‘Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla’ a la que González-Tablas se incorporó en junio de 1915 y unos pocos años después, ya con el empleo de teniente coronel, pasaría a mandarla, convirtiéndose en un jefe apreciado y admirado con el que los regulares iban convencidos al sacrificio y a la muerte en los campos de batalla. Es entonces, en 1919, cuando se distinguió en la toma de la loma de Jandak Zina, en una acción por la que se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando y por la que Alfonso XIII le nombró Gentilhombre de Cámara y apadrinó a una de sus hijas.
Cuando el desastre de Annual de julio de 1921, que costó la vida de doce mil soldados, de muchos de sus jefes, oficiales y hasta del propio general que los mandaba, el general Silvestre, González-Tablas, con sus soldados, fue el primero que socorrió Melilla. Diez meses después, el 13 de mayo de 1922, durante la toma de ‘Tazarut’, en la zona Occidental del Protectorado, murió en primera línea, al frente de sus Regulares, logrando el objetivo militar, en una acción por la que recibió, a título póstumo, la Medalla Militar Individual.
El Congreso de los Diputados se hizo eco de su memoria y toda la prensa nacional publicó biografías, semblanzas y documentos gráficos sobre él. Por encargo del Rey, al cadáver se le tributaron los máximos honores y después este, con el deseo de honrar “los heroicos servicios prestados” instituyó el marquesado de González-Tablas que hoy ostenta su bisnieto. Ya en plena II República, en 1935, en la ciudad de Ceuta, y por suscripción nacional, se inauguró un imponente monumento en su honor en el que año tras año, coincidiendo con la fecha de su muerte, el Grupo de Regulares realiza un acto castrense que finaliza con un desfile militar.
El Ayuntamiento de Pamplona, como sucedió en otras ciudades (Barcelona, Hospitalet de Llobregat o Ceuta), en 1930 acordó dedicarle una calle del segundo Ensanche, que entonces estaba en proyecto y ejecución, y probablemente, para muchos de los actuales vecinos de Pamplona, este, el de la calle González-Tablas, sea el único dato que conocen de ese ilustre paisano nuestro que hace cien años recibió el título de ‘Fidelísimo Regular’ y que pasó a la categoría de “inmortal, consagrado a ser ejemplo magistral de los Ejércitos”.
José Ignacio Palacios Zuasti