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Sobre el Día de los dólmenes de Artajona

  • Jaime Iriarte Ayestarán
Publicado el 28/05/2022 a las 08:19
Quizás sea este un buen momento al calor de estas piedras tan milenarias para echar la vista atrás y pensar en el pasado, en nuestras raíces comunes, en la historia que hemos vivido y en todo lo que nos une.
Y me nace un basta ya de tonterías, de ideologías y de separatismos absurdos, un basta ya de aborregadnos por intereses partidistas y por guerras que nunca han sido y nunca debieran ser nuestras. Dejemos ya de batallar por causas desesperadas, por lenguas y por rancios terrenos requeridos como disputa, como simple mercadería patroneada por los de siempre.
Que la vida es mucho más que todo eso, señores, que la vida es mucho más. Que la historia y el pasado debieran recordarnos de dónde venimos, que todos somos parte del todo y que ese todo al final es lo que nos une. Porque en todo pueblo hay una historia con sus guerras y sus disputas, pero sobre todo hay mil historias que son las que debieran durar, de alegrías y de misterios, de sudores y sinsabores, pero siempre y por encima de todo, con ganas de prosperar. Y son esas miles de historias las que de verdad nos deberían importar, de los pueblos que son hermanos, que se adaptan y se respetan, de gentes que se conocen y que se unen, y comparten para poder salir adelante. Estos dólmenes que visitamos debieran hacernos pensar en las gentes que aquí vivieron, en sus vidas y sus historias, tan intensas y verdaderas como creemos que son las nuestras, con sus razones y sus mentiras de cada día, sus razones para la vida y sus mentiras para matar.
Y desde aquí, desde estos dólmenes de Artajona que tantas historias han vivido, dejo orgulloso mi impronta, mi respeto y mi cariño hacia la tierra de mis raíces, a ese Cerco medieval y a la virgen de Jerusalén, a sus gentes que la veneran y a cuantos se sienten artajoneses. Porque sobre todo y ante todo, a quien le guste y a quien le pese, todos somos hermanos y descendientes de aquellas gentes que aquí vivieron.
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