El rugido del agua y de la gente afectada
Publicado el 15/04/2022 a las 08:22
El agua siempre ha rugido en su “desboque”. Y seguirá rugiendo, mientras se sigue sin querer escucharla. Tendremos que seguir mirando al cielo, al nivel de nuestros ríos, a los saneamientos de nuestras poblaciones… y a, sobre todo, los silencios administrativos “ruidosos”, mientras nos perturbamos ante esperas incómodas. Al agua, como digo, siempre la escucharemos, pues no nos va a quedar otro remedio (seguirá rugiendo de forma cada vez más recurrente y dañina). A la gente que sufrimos las afecciones, no tanto. Seguiremos oyendo mil promesas, e “impulsos de empatía”, para que pensemos que se están tomando las cosas muy en serio. Seriedad que seguiremos viendo cómo se difumina en el tiempo, a través de la pérdida de memoria (cualidad humana más recurrente y nociva que los efectos del daño concreto), pasado un pequeño lapso de tiempo tras el último evento sufrido.
Volveremos a oír, una vez más, que debemos acostumbrarnos a vivir con ello, por haber optado a vivir en urbanizaciones construidas en zonas inundables. Ninguna de las administraciones, responsables en primera instancia, contestarán a las preguntas más obvias: ¿por qué se permitió construir en zonas de riesgo? ¿por qué se sigue construyendo en zonas de riesgo? ¿por qué esas urbanizaciones y edificaciones siguen sin contar con todas las medidas que eviten el paso del agua a los interiores de las propiedades e, incluso, se disponen con puntos por los cuales la entrada es directa? ¿por qué no se informa del riesgo, debidamente y por escrito, en los documentos notariales de compra? Esta última pregunta la hago, sabiendo perfectamente la contestación: intereses particulares (la demanda, con conocimiento de causa, en las zonas de riesgo, se reduciría espectacularmente; ahora, para los promotores -la administración también es promotora a través de su consentimiento, y beneficios-, una vez construido y vendido, el problema pasa a los particulares; fin de la historia… y a reclamar, al “maestro armero”).
Luego vienen (y vendrán) las reuniones informativas tendentes a evitar las sensaciones reales (desesperantes) de los que tenemos (y tendremos) que mirar los mapas del tiempo, como nunca antes los habíamos mirado. De mirar lo que se está generando en nuestro Norte, auspicio de lo que nos va a llegar, mirando cómo sube el nivel de cauce en nuestras poblaciones, de cómo repercute en los saneamientos, poniéndolos en carga y viendo el agua en nuestras calles y -si no cuentas con las debidas protecciones antirretorno en tus acometidas, compuertas, etc.- en nuestras propiedades, aun cuando el nivel de cauce no haya llegado al desbordamiento (en el último evento de diciembre de 2021, por ejemplo en la Rochapea/Pamplona, hubo muchas zonas afectadas por la puesta en carga de los saneamientos, anegando calles y propiedades particulares, sin que el nivel de río llegase a ellas. (...) O mirando de “reojo” que las motas aguas arriba no se abran (o las rompan -todavía estamos esperando, tras 4 meses, que nos expliquen en Funes, la realidad de lo sucedido en ese evento-), y tengamos que sufrir una corriente devastadora, que con su caudal y velocidad, se lleve por delante todo a su paso. (...) Reuniones informativas (concretamente en Funes, el pasado 9 de marzo, con técnicos de la CHE), donde quedó meridianamente claro que las grandes obras ejecutadas por esa entidad, aguas abajo del pueblo, no habían servido para proteger la población (...). En vez de estudiar, e invertir el dinero en soluciones puestas sobre la mesa que sí pueden evitar los problemas, o mitigarlos de forma consecuente. Soluciones contra las cuales no se da ningún tipo de rebatimiento técnico (algo querrá decir) y que se dan muestras, solamente en esa reunión, de querer admitir colaboraciones (ofrecidas de modo gratuito) que, pasando el tiempo, se convierten en “brindis al Sol”. Tienen suerte de contar con poblaciones de grandes debates callejeros, pero nula unión para ponerse enfrente. Tienen mucha suerte.