Desperdicio alimentario
Publicado el 12/11/2021 a las 08:21
Este asunto siempre me ha parecido injusto, ya que, según la FAO, casi un diez por ciento de la población mundial pasa hambre tras la pandemia, que ha agravado el problema, como vemos en las colas del hambre y ha retrasado “sine die” el logro del objetivo Hambre Cero 2030. Sin embargo, curiosamente también hay un exceso de población sobrealimentada y millones gastados en dietas. Ya sabemos, nada nuevo bajo el sol, pero el coste económico del exceso de alimentos no consumidos es elevadísimo y una injusticia flagrante. Ello sin olvidar que medioambientalmente es un derroche impresionante, ya que supone un gasto de suelo, agua y recursos que no nos podemos permitir en la situación de cambio climático que se constata por los científicos. Parece ser que más de un tercio de la comida producida cada día no se consume en los países más ricos, casi nada. Al viajar por Europa, venía observando la acertada iniciativa de rebajar el precio de los alimentos más perecederos y en Reino Unido, por ejemplo, se veían colas a última hora para su adquisición. Afortunadamente ya lo hemos copiado, aunque en menor medida a mi parecer, y ahora también lo tenemos aquí. Es acertado, ya que favorece la pérdida de alimentos ayudando a las familias, falta hace, y parece que será obligatorio para grandes superficies. Insisto eso sí, para nuestra tranquilidad, que la fecha de caducidad es un tema de seguridad alimentaria, pero la de consumo preferente solo implica, si lo hay, un descenso en apariencia o calidad. Además, otras iniciativas como el Banco de Alimentos demuestran la solidaridad humana. Ahora se anuncia una ley aquí, a requerimiento europeo, que ya existía en otros países, para combatir el desperdicio de alimentos en toda la cadena alimentaria, desde la cosecha hasta el consumo, priorizando la donación para consumo humano. Parece que cada uno tiramos al año más de treinta kilos a la basura, entre los que no me incluyo, la verdad, así que alguien tira los míos y desde luego sale caro tirarlos. Me encantan los americanos con su “doggy bag” en los restaurantes, y yo lo practico a veces cuando salgo. Ahora parece que será obligado informar de esta opción en la hostelería. Todo esto va en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU de 2030, de reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita en el mundo, incluida la restauración. Parece ser que se necesita una ley cuando debería bastar la lógica, y hay que obligar o eso dicen para justificarla. Incluye que debe existir un plan de prevención para evitar el desperdicio, incluidos centros sanitarios, educativos y residencias y unas prioridades como su uso seguro a través de Convenios con donaciones a empresas sin ánimo de lucro o bancos de alimentos, algunas empresas ya lo hacen. La restauración avanza también con aplicaciones que permiten a los usuarios una rebaja de precio a última hora. Una segunda alternativa es su uso para transformados como zumos o mermeladas y la última para piensos, la industria e incluso biogás. Otras iniciativas son el consumo km 0, creo que a veces se le da poca importancia, pero ya empieza a estar marcado en algunas tiendas, en otros países como Francia se hacía hace tiempo. La Unión europea está detrás y pide planes estratégicos y campañas de divulgación. La futura ley introducirá un capítulo de sanciones, que esperemos no sean necesarias y debe ser negociada e incluir las opiniones del sector implicado. Parece que no estará antes de 2023 pero se debe ir preparando el camino, no se cambian las cosas publicando una ley, sería demasiado fácil, ¿no creen? Hay que ponerse a trabajar y a concienciar, empezando por cada uno de nosotros. No es nuevo, en muchas familias se ha hecho toda la vida. Hay tareas pendientes para todos.