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Miradas impúdicas

  • Eduardo Aya Onsalo
Publicado el 17/10/2021 a las 07:49
La política actual está alcanzando cotas de insensatez verdaderamente alarmantes. Nadie cabal habría podido sospechar que los impuestos fueran a ser utilizados para mantener a tanto inepto, lo que induce a cuestionarse si la libertad de conciencia que reconoce la Constitución no ampara la objeción a su pago, ya que la propia Constitución tampoco lo previó, y partió de la expresa premisa de que la Administración Pública ha de servir con objetividad a los intereses generales, y resulta difícil apreciar el interés general de estas supuestas miradas más allá de la pretensión de justificar cargos y sueldos injustificables. En primer lugar, la mirada consiste en la acción de dirigir la vista hacia un objetivo, acto que es neutro, por lo que lo que puede resultar impúdico es el pensamiento que la visión genere, de manera que lo que se sanciona no es la mirada sino el pensamiento, y el pensamiento impúdico estará en primer lugar en la mente de quien censure la mirada.
En segundo lugar, si cupiera sancionar los pensamientos deshonestos no habría cárceles suficientes. Resulta paradójico que se defienda la libertad de expresión y se sancione la de pensamiento. En tercer lugar, habría que preguntarse qué origina la supuesta mirada impúdica, y si dicha mirada puede ser, imprudente o conscientemente, provocada por quien la recibe, de manera que debería haberla previsto en lugar de incomodarse. Muchos creíamos, y seguimos creyendo, que la atracción de los sexos diferentes era una de las maravillas de la naturaleza pero al parecer la modernidad y la progresía pretenden persuadirnos de lo contrario.
Dicho cuanto antecede, tampoco nos equivoquemos pues, en el fondo, con estas estupideces lo que están tratando, y como se ve consiguiendo, es desviar la atención de los ciudadanos de los verdaderos problemas que conscientemente están provocando, como la rotura de España, la inseguridad, el paro, la pobreza, o el deterioro del sistema sanitario.
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