Gracias a ANFAS

Maribel Murillo Urcelay

Publicado el 19/08/2021 a las 07:47

Mi hijo Juancho, un muchacho con TEA (trastorno del espectro autista) acaba de pasar una semana de vacaciones excelente en Comarruga. Después de meses de pandemia, aislamiento, angustia, resiliencia y vacunas, mascarillas y distancias…él y nosotros nos merecíamos un descanso.

Pero las vacaciones con ANFAS no son un descanso cualquiera, no son vacaciones de playa y nada más. Eso lo sabemos todas las familias que año tras año seguimos confiando en ANFAS para enviar a nuestros hijos e hijas, hermanas o hermanos de vacaciones. Muchos meses antes, los responsables de ANFAS se reúnen, trabajan denodadamente, buscan los mejores lugares, las mejores alternativas de ocio, accesibilidad, bienestar y plena inclusión de las personas con discapacidad que atienden. Estudian las contingencias, los imprevistos, la forma más adecuada para que nuestros familiares sean felices y gocen de verdad.

Nada de esto sería posible sin la presencia de los voluntarios de ANFAS. Personas que también se reúnen, se forman y nos regalan su tiempo (en muchos casos parte de sus vacaciones laborales), su esfuerzo y su cariño, ese que no tiene precio y sí valor incalculable. Algunas personas voluntarias hasta repiten tandas. Todo con la mejor sonrisa, con montañas de amor, con calor de abrazo y gozo de besos. Con mascarilla hacen que se vean y se sientan más. Comarruga es playa, chiringuito, pizza al atardecer, escuela de vela, barco grande para pasear, trenecillo a Calafell, viaje a Barcelona, Aquarium, museo de cera, cama elástica, jardín botánico, granja-escuela, fiesta entre amigos, etc. .. Vacaciones excelentes. Imprescindibles vacaciones. Nuestros hijos e hijas, nuestros familiares regresan muy contentos. Les cuesta despedirse de sus monitoras, de sus responsables. A mí me faltan las palabras y mis gestos se quedan pequeños para agradecer tanto a tantos. Por eso escribo.

Y porque creo que la sociedad navarra hace 60 años que tiene un tesoro. El tesoro que soñaron e hicieron realidad unos padres y madres que querían que sus hijos e hijas gozasen como nosotros, viviesen entre nosotros con todas las personas con y sin discapacidad. Y lo consiguieron. Aquí está. El tesoro se llama ANFAS. Lo seguimos haciendo posible 60 años después.

Espero que la sociedad navarra no lo olvide. ANFAS es un tesoro imprescindible para todos y todas. Nos hace mejores. Mucho mejores. Y a ellas y ellos, más felices.

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