El Ayuntamiento de Pamplona subsana un agravio

José Ignacio Palacios Zuasti Ex concejal del Ayuntamiento de Pamplona|

Publicado el 24/06/2021 a las 08:09

Tras descubrirse la placa que el Ayuntamiento de Pamplona ha colocado en recuerdo de Jesús Alcocer, asesinado a tiros en Mercairuña el 13 de abril de 1984, su familia decía sentirse “más reconfortada y menos olvidada” y, en su intervención en ese acto, el alcalde Enrique Maya dijo que las víctimas “en demasiados casos no tuvieron ningún tipo de reconocimiento en el momento del asesinato ni en los años posteriores”. Ese fatídico 13 de abril, viernes de Dolores, en Pamplona ETA asesinó a tres personas.

Primero, a Jesús Alcocer y, horas después, cuando la Policía descubrió el coche en el que habían huido los asesinos, en el que por primera vez habían activado una bomba, al abrir su puerta, este hizo explosión y mató a los policías Tomás Palacín y Juan José Visiedo. A pesar de ese balance tan sangriento en Pamplona no hubo ninguna reacción, ni del alcalde ni del Ayuntamiento, y no se convocó ninguna concentración ni se guardó ningún minuto de silencio.

La noche anterior se había celebrado pleno ordinario del Ayuntamiento y el siguiente no estaba previsto hasta el día 27. Por eso, como concejal de la oposición que yo era en ese momento, la única posibilidad que tenía para hacer que el consistorio condenara esos terribles asesinatos era acudiendo a la sesión de la Comisión Permanente, que se iba a celebrar el miércoles 18 de abril, a la que yo no pertenecía, pues estaba integrada por el alcalde, 5 concejales del PSOE, 3 de UPN, 1 de Herri Batasuna y otro de Coalición Popular, pero a la que podía asistir con voz, pero sin voto.

Preparé una moción que contenía tres puntos: 1.- Condenar los actos terroristas exigiendo, una vez más, al Gobierno que actúe con todo rigor contra ETA. 2.- Manifestar la más enérgica repulsa contra estos vandálicos actos que han ensangrentado a nuestra ciudad a costa de un trabajador pamplonés y de dos servidores del orden. 3.- Expresar el testimonio de pesar de esta Corporación a los familiares de las víctimas. Y en mi intervención en su defensa hablé de Jesús Alcocer y dije que “el único “pecado” que había cometido era el de ser leal a unas personas y a unas ideas que en este momento no están de moda; es decir, no haberse cambiado de chaqueta como lo han hecho otros. Por esto es por lo que lo han matado”. A lo que añadí: “Hemos llegado a un momento en el que hemos perdido la capacidad de asombro y de reacción. Hay un adagio chino que dice que una imagen vale más que mil palabras. Pues bien, la fotografía de portada de Diario de Navarra del pasado sábado habla por sí misma: junto al cadáver de Jesús Alcocer se ve cómo se siguió trabajando y no esperaron ni a que se procediese al levantamiento judicial. Como bien sabemos, cuando se han producido otros muertos, tenemos paros generales en toda la provincia y en las Vascongadas”.

La moción no prospero porque contó con el voto en contra de los socialistas y del batasuno. Entonces le envié a la viuda de Alcocer, María Pilar Saz Ronco, la información de lo sucedido en esa sesión, a lo que me contestó con un “muy agradecida por las palabras en defensa de las virtudes de mi marido”.

Ahora, con más de 37 años de retraso y casi tres después del fallecimiento de su viuda, en cuya esquela, publicada en este periódico el 13 de agosto de 2018, se decía “falleció en Pamplona en paz”, gracias al alcalde Maya, el Ayuntamiento ha subsanado el agravio que entonces se le hizo a Alcocer, y al resto de las víctimas del terrorismo, por lo que no me sorprende que sus hijas, que nunca han perdido la paz, digan sentirse ahora “más reconfortadas y menos olvidadas”.

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