¿Literatura o mejor literatura?

Javier Quintano Ibarrondo|

Publicado el 16/06/2021 a las 08:08

Olga Ibiricu Díaz, profesora, nos hizo reflexionar en su escrito del pasado 3 de junio “Por qué le llaman literatura cuando quiere decir 3 puntos para la EvAU “. Olga se lamentaba de la escasa importancia que se da a la literatura en los planes de estudio de nuestros adolescentes. Y yo recordaba la lúcida y patética declaración de Win Pijbes, director del Rijksmuseum al advertirnos: “El reto del museo es sobrevivir en una sociedad miope y acelerada”. Declaración que me movía a esta réplica inmediata: “El reto de la educación es sobrevivir en una sociedad miope y acelerada”.Desde mi punto de vista no es la literatura la que pueda haber perdido buena parte de su sitio en los planes de estudio de Bachillerato: La literatura que es lectura de obras y estudio de sus grandes creadores ha perdido su sitio en la sociedad. Como tantas otras cosas importantes. Hasta los años 60, la cuestión de la lectura era ante todo escolar, pedagógica. Una vez adquirida la base del saber-leer lo que se perseguía era crear un cuerpo de lecturas para colegios e institutos. Treinta años más tarde se acentúa el interés por best-sellers, gracias a la publicidad y a un mercado editorial en auge. A esto se une una escolarización masificada en donde los valores de lo escrito no avanzan al tener enfrente una concurrencia de lo audiovisual impresionante (programas de entretenimiento, debates, entrevistas, reportajes), y en donde el tiempo disponible para la lectura no cesa de disminuir. Además, la relevancia científica, los trabajos de especialistas e investigadores entran de lleno en la oferta, cobrando fuerza en la formación de élites.


La lectura literaria sigue encajada en los liceos, pero existe otro “campus” de lecturas, llamémoslas utilitarias, en libros y revistas especializadas y de carácter general, desde la auto-ayuda al ensayo, que acompañan al fortalecimiento de una oferta periodística en cantidad y en calidad. Todo esto marca la lectura integrada en la sociedad de manera transversal y multiforme. Se imponen “las literaturas”, apartadas de la excelencia creativa de los grandes escritores. Nos movemos en un mundo marcado por la prisa, por la inmediatez, por la multiplicidad de acontecimientos. “No puedes pedir a un adolescente que lea literatura cuando le estás diciendo que toda actividad que no te dé una ganancia inmediata y visible es inútil”, nos advierte el escritor Alberto Manguel. Y añade: “El capitalismo actual no puede permitirse un consumidor lento, y la literatura requiere lentitud”. Los tiempos se han acelerado, y también la percepción de temporalidad. Esto afecta tanto a la lectura como a la escritura. El auge editorial del género de novela que se impone hoy en las estanterías de los grandes centros comerciales exige libros más cortos que los de hace años, porque nuestro tiempo de lector es menor y, quizás, exige un lector más superficial. Y aunque ha crecido el número de páginas en algunos best-sellers hay que tener en cuenta que sus ritmos internos son muy rápidos. En el Reino Unido hacen una distinción importante entre “literatura de conocimiento” y “literatura de poder”. La función de la primera es la de enseñar. La función de la segunda es la de mover. El símbolo de la primera es el timón; el de la segunda el remo, la vela. El espíritu de nuestro tiempo parece haber perdido el timón.

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