El Arqueólogo Peregrino
Actualizado el 07/06/2021 a las 08:52
El Arqueólogo Peregrino La creencia popular dicta que, cuando uno acaba los exámenes, se convierte en un ser libre, una especie de espíritu que vaga por la casa con el único propósito de dar rienda suelta a todos sus vicios. El “sofing” se convierte en un hábito y… para que negarlo, el “gaming” aparece en una acelerada dimensión (ya son muchos los años en los que esta se convirtió en la nueva forma de ocio de los jóvenes). No obstante, no todos los estudiantes son así, y hoy os voy a explicar un nuevo modelo. Muchos lo desconoceréis, pero se trata de un fenómeno muy abrasivo y que, a día de hoy, lamentablemente se encuentra en peligro de extinción. Se le conoce como el aprendiz a arqueólogo y entre sus características se encuentra la de ser un gran peregrino de excavaciones (cuando no se halla en su hábitat natural, pasa desapercibido como un estudiante normal, lo que no deja de ser, cuanto menos, perturbador). Cuando llega el mes de abril, hay dos cosas que le despiertan de su cómoda hibernación. La primera es la proximidad de los tan peligrosos exámenes finales (un error les puede dejar sin un intenso verano). Y la segunda, pero no menos importante, es la aparición de las primeras convocatorias para excavar en yacimientos arqueológicos. Su primer pensamiento es el común «cuantas más excavaciones mejor», pero siempre tiene la duda de si con dos meses ya es suficiente, o si también es necesario un tercer mes. Además de esto, también se debe pensar en los destinos; «vuelvo otra vez al mismo sitio del verano pasado o voy a otros para buscar los tan ansiados “contactos”». Posiblemente, estos serán los que, una vez acaben esta etapa de su vida, les ofrecerán un futuro prometedor. En este momento, algunos también piensan en si este será el año de probar suerte fuera de España «ojalá se alinearan los astros para ir a Pompeya, aunque me conformo con ir a Portugal… Bueno, en realidad me da igual, me conformo con cualquier excavación». Llega el momento de contarlo a tus amigos, familiares, etc. Entre tus amigos siempre hay uno que dice: «nunca tienes tiempo para nada, ahora que acabas te vas y ya no vuelves hasta septiembre», también está el «aparte de agujerear España, hacéis algo más». Pero hay algo que nunca se puede superar, y es el comentario de la madre «eso me parece mucho tiempo, no hace falta que te vayas dos meses, yo creo que dos semanas son suficientes». Al final, el arqueólogo se acaba sintiendo incomprendido; y es normal porque lo que un arqueólogo experimenta mientras excava un yacimiento es algo inexplicable, es una especie de adicción que le lleva a repetirlo una y otra vez. Si tras leer esta descripción te sientes identificado con el sujeto, disfruta de la paz que te queda y piensa muy bien si estás dispuesto a renunciar a todo para convertirte en esto, porque nada más ir a tu primera excavación, comenzarás una mutación que te convertirá en un arqueólogo peregrino. Escrito por: Gabriel Garza Algaba