"Que veinte años no es nada", canta el tango (II)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 04/06/2021 a las 08:31

(Sigue.) La primera vez que volé a Tenerife, en el estío de 2001, me hospedé en el mismo hotel donde he contratado una habitación para las dos semanas de asueto de este año. “Que veinte años no es nada”, canta el tango. Recuerdo que elegí el mismo título para rotular el soneto que urdí al objeto de conmemorar el 30º aniversario de nuestra promoción de Filología 1982-1987, que celebramos el sábado 4 de noviembre de 2017 en Zaragoza. Como llevaba por entonces una vida monacal (con los obligatorios confinamientos por la dichosa pandemia, tengo la impresión refractaria de haber perseverado en dicho modus vivendi) me divertí un montón. Y es que, como dijo y dejó escrito en letras de molde Baltasar Gracián y Morales, “esta es la ordinaria carcoma de las cosas. La mayor satisfacción pierde por cotidiana y los hartazgos de ella enfadan la estimación, empalagan el aprecio”. El primer día de nuestra estancia en el Puerto de la Cruz (ciertamente, empezó siendo de cara, sí, pero terminó siendo, sin duda, al menos para mí, de cruz, cuando, por la noche, durante la cena, empecé a notar los tembleques, anunciadores de nada bueno, como de esa guisa devinieron o resultaron ser) acudimos a los lagos Martiánez. Allí estuve, durante horas, sobre el agua, boca arriba y boca abajo. Yo, novato, no hice el caso que debí a las voces de la experiencia, a los expertos en tales lides, mi hermano Jesús María, mi cuñada Elena y mis amigas Marisa y Yolanda, que insistieron, una y otra vez, en que me diera (me dieran) crema protectora contra los rayos del sol (allí, africano, como, al día siguiente, me iteró y recalcó el farmacéutico que me atendió cuando entré en su establecimiento para comprar leche corporal para tratar mi piel quemada). Me pasé tres días yendo de la cama a la bañera, con unas ampollas nunca vistas por mí, insólitas. Así que esta vez, me he propuesto ser un poco más coherente (no me haré excesivas ilusiones) y prudente (para poder parar, por si se da el caso adverso, el posible varapalo, esto es, por si “los dípteros”, vocablo que suele usar, como sustituto de moscas, Javier, el oponente zumbón de Pablo en el programa vespertino “Pasapalabra”, de Antena 3. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com

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