Me recuerda el anuncio del conejo (II)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 19/05/2021 a las 09:22

(Sigue) Le propongo un juego. Imagine el atento y desocupado lector (hembra o varón) de estos renglones torcidos una posible panoplia o colección de sonidos inarticulados desagradables que sean los más habituales; haga un listado pormenorizado de todos ellos. Bueno, pues me apuesto con usted doble contra sencillo a que, si lo invito a mi piso durante un finde, tendrá la oportunidad de comprobar cómo en el piso de arriba se originan ruidos de causa desconocida, que no logra identificar, a pesar del cúmulo acopiado por usted de los tales. Durante las dos últimas noches, a eso de las cuatro de la mañana (no sé si es porque él llega del trabajo o es ella la que lo hace, lo ignoro, insisto), las continuas risas de la fémina (vaya usted a saber qué las origina, pero le recomiendo que descarte, por si había pensado en ellos, los jocosos comentarios del varón, porque solo se escuchan las risas de la hembra; como la situación se brinda a la especulación, el abajo firmante infiere, pero acaso se deba a que este menda gaste mente calenturienta, que es una de estas dos opciones cuanto acaece arriba: que ella es adicta a ver ciertas imágenes y estas le resultan, sin duda, hilarantes; o que él le está haciendo un estupendo cunnilingus y a la fémina, cachonda, excitadísima, le da por reír a mandíbula batiente; y como ambos son jóvenes, colijo, y la mujer, por fin ha logrado empoderarse, que me parece lo cabal, justo y más que bien, ese trabajo lo hace él con parsimonia, y dura y dura, como las pilas de ese anuncio de antaño, protagonizado por un conejo rosa), indefectiblemente, me despiertan. 

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