Solidaridad Intergeneracional
Actualizado el 18/05/2021 a las 08:33
El otro día en una conocida tienda de una multinacional olí un ambientador que me transportó al huerto de mi abuelo, sentí una gran felicidad al transportarme a esos momentos tan sencillos, tranquilos y llenos de alegría. Mi abuelo me enseñaba cómo iban los tomates, las calabazas etc… Me intentaba explicar cómo se cuidaban y plantaban, aunque yo estaba en otras cosas, sin que ello me impidiera valorar la gran suerte que tenía de compartir con él esos momentos y escucharle con atención apreciando sus palabras. La pasión por la naturaleza que tenía mi abuelo le hacía rejuvenecer en aquel huerto, tanto que mis hermanos y yo bromeábamos y decíamos que allí se producía algún extraño suceso que le hacía rejuvenecer como en la película Cocoon. Creo que ese ambientador habrá producido una emoción similar a muchas personas, y el contexto en el que se ha desarrollado esa idea denota en la dirección en la que vamos. El agotamiento de esta sociedad acelerada y consumista me hace reflexionar sobre las enseñanzas que me transmitieron mis abuelos, considerando que hoy son más útiles que las que me dejan mis padres. Los recuerdos de nuestros mayores son un tesoro que debemos valorar son una guía de actitud y supervivencia para este mundo que está cambiando tan rápido. Ahora más que nunca, en un momento en el que un enemigo invisible ha venido a llevarse a las personas más débiles físicamente y más ricas en recuerdos, experiencias y sabiduría. Recapacito y tomo conciencia de lo valioso de las historias de mis abuelos, de la alegría en sus ojos al recordar historias sencillas en momentos difíciles que guardaban un máximo de felicidad en las cosas más pequeñas. Al fin y al cabo, el secreto de la vida, disfrutar de aquello primario que nos rodea el amor, la familia y los amigos. Para escribir nuestro futuro debemos aprender de aquellos que caminaron antes que nosotros, aprender a desaprender nuestros viejos hábitos y escuchar, observar y seguir caminando. Ahora más que nunca pienso que valioso era aquel momento de solidaridad intergeneracional en el que me sentaba a escucharlos, pensado que era un acto positivo para ellos, pero no me di cuenta hasta ahora cuanto ha sido de positivo para mí. En este momento de incertidumbre y de miedo, los recuerdos de mis abuelos y su actitud ante la vida, es una lección para mí que intentaré aplicar a todos los ámbitos de mi vida para crear como hicieron ellos historias sencillas llenas de felicidad.
Rubén Vázquez
