San Zoilo de Cáseda y su bóveda gótica de laja
Publicado el 15/05/2021 a las 09:48
Seguimos en tiempos de pandemia y aún no escampa. Espero que el aguante, la prudencia y la sana distancia hagan trenza para dibujar un futuro de esperanza, en espera de la tan anhelada “inmunidad de rebaño”. A propósito, y cuando escucho a los expertos hablar de ella, mi mente recrea la escena de esos hatajos de ovejas que, en su trashumancia, trasiegan cada año por la cañada real que abraza la ermita de San Zoilo de Cáseda.
Mientras tanto, los campos y los montes pintan su primavera, ahora que el calendario llama a la puerta del 15 de mayo. A pesar del rigor y de la dificultad extrema por la pandemia, podemos decir con satisfacción que el balance del año ha sido muy bueno. La ermita de San Zoilo ha sido objeto de salvaguardia desde diferentes frentes. En el recuento, tenemos la publicación del libro de Simeón Hidalgo sobre las marcas de cantero; la participación de miembros en la asociación en medios de comunicación, en eventos y en publicaciones académicas y, entre otros, y como gran colofón, la restauración del cuarto del ermitaño al que se llega a través de las escaleras de caracol, un proyecto que pudo hacerse, entre otros, gracias a la generosa participación de quienes, por medio de la declaración de la renta, quisieron ser mecenas del proyecto. Desde nuestro reconocimiento y gratitud a todos vosotros, nos enorgullece constatar que seguimos haciendo historia y nutriendo de memoria este camino.
Pero esto no acaba. Reza el refrán que “no hay mal que por bien no venga”, y mucho de verdad hay en ello. Hace unas semanas, despertábamos con la noticia de que el Gobierno de Navarra acababa de aprobar un proyecto para la restauración de la bóveda de la ermita de San Zoilo. Se trata de una intervención más que necesaria, que pondrá fin a las filtraciones de agua y al depósito de humedades que venían afectando seriamente el interior del recinto. Como es notorio, la piedra laja tapiza la cubierta de la ermita para adaptarse al trasdós de las bóvedas. Esta técnica de recubrimiento confiere al edificio una de sus grandes particularidades arquitectónicas que, además y a diferencia de otros templos, puede contemplarse en todo su esplendor, al hundir sus cimientos en una frondosa hondonada a orillas de un regato. Es uno de los rasgos más significativos de la ermita y del gótico europeo.
Con el precedente similar de 1962, las obras se iniciarán dentro de unas semanas y finalizarán con una instalación eléctrica que iluminará el recinto. Por ello, y conscientes de que la gratitud es un don que fortalece, agradecemos y reconocemos a nuestras instituciones, desde el Ayuntamiento de Cáseda, la Institución Príncipe de Viana del Gobierno de Navarra y la Asociación Cederna Garalur, por su compromiso con la salvaguardia del conjunto patrimonial de San Zoilo de Cáseda. Y como siempre hacemos, nuestro agradecimiento especial, muy especial, a todas y a todos que siguen poniendo su granito de arena para hacer montón y con ello hacer realidad cada uno de los proyectos que, por pequeños que sean, suman y suman mucho. Todos hacemos falta y en esta causa nadie sobra. Detrás de esta generosidad, se encuentra el altruismo y la demostración de un afecto genuino por esta ermita gótica y centenaria, símbolo de la memoria colectiva no sólo casedana y navarra, sino también universal. En las próximas semanas, veremos la consumación del proyecto de rehabilitación de la cubierta de la ermita de San Zoilo, un acontecimiento que, debido a su naturaleza, se antoja digno de presenciar. Mientras tanto, sigamos cultivando la salud desde la cordura, el civismo y la sana distancia. Esto aún no acaba. Tiempo habrá para juntarnos, también en nuestra querida ermita de San Zoilo. Eso sí, con todas y todos presentes, como única premisa. Que así sea.
