Ruido
Publicado el 10/05/2021 a las 07:38
En el mundo globalizado en el que vivimos hay mucho ruido. El ruido además de las consecuencias físicas a largo plazo que conocemos o podemos intuir, tiene otros efectos a veces menos visibles: por ejemplo, hace que los mensajes se distorsionen, se dificulta la comunicación y en no pocas ocasiones el mensaje que llega a quien escucha ¿escuchamos? No es ni mucho menos el que hemos querido transmitir.
Tengo la incómoda sensación de que en esta sociedad nos hemos acostumbrado al ruido como nos acostumbramos a las noticias impactantes y casi siempre negativas, al drama humanitario, a la violencia en diferentes formas y aspectos: ya sea el asesinato de periodistas o la muerte por excesos policiales (...).
Casi nada nos conmueve ya. La inmensa mayoría de la sociedad ni justifica ni apoya estas acciones, pero nos hemos insensibilizado ante el sufrimiento, también, intuyo, con la Covid 19. El drama indio, brasileño o argentino e incluso los datos más cercanos solo son eso; números, pero detrás de esos números de esos hechos siempre hay personas que sufren. No las olvidemos.
Si lo anteriormente descrito es cierto y puede ser un problema, mucho más grave será cuando ese mismo ruido es provocado intencionadamente. La situación se agrava a mi modesto entender, cuando precisamente estas y estos dirigentes son los que fomentan y provocan este ruido para ocultar su incapacidad o, simplemente, para anular nuestro sentido analítico y crítico: debates polarizados, extremados, en el que parece tener razón quien más grita, en el que quien es moderado y sosegado prácticamente no es percibido, y en el que por tanto no hay mensajes ni propuestas.
Las cartas amenazantes, los gritos, los gestos ocultan de forma interesada algunas realidades. No nos interesan los datos, porque hemos pensado que estos también se pueden manipular y además no tenemos tiempo ni ganas de analizar, y cuando lo hacemos, simplemente reforzamos nuestras posiciones de partida o nuestras convicciones, sin aceptar que la razón puede estar en otra parte. Los dirigentes se dedican a cuestionar al adversario político y lo hacen, no confrontando ideas distintas, sino con ataques personales.
Como siempre hay excepciones. No todos son iguales y las excepciones suelen destacar, precisamente por eso, por ser la diferencia respecto del resto. Sin embargo, el ruido se ha extendido tanto y tan profundamente en nuestra sociedad, que en muchos momentos resulta my difícil pararse a pensar y tomar conciencia de quiénes somos y a dónde nos dirigimos como individuos y como sociedad.
A pesar de esto, yo mantengo motivos para la esperanza: cuando nada parece salir como esperamos, cuando nuestros esfuerzos no parecen dar resultado ninguno, cuando sentimos que lo que hacemos nunca es suficiente, alguien con una sonrisa te da las gracias porque ha entendido qué querías explicar, a pesar del ruido.