Una decisión, al menos, inoportuna
Publicado el 05/05/2021 a las 08:10
El pasado 23 de septiembre, aunque gozaba de un clima delicioso (21 de mínima y 28 de máxima), como allí suele ser habitual, en la localidad tarraconense de Salou, debido a la pandemia, el panorama era desolador: hoteles, restaurantes y tiendas cerrados, el paseo de Jaime I desierto y las playas vacías, con lo que parecía una ciudad fantasma. Ese día, la portada de un periódico madrileño con gran alarde tipográfico, decía así: “Preparados para lo peor”, “El número de muertos vuelve a cifras del estado de alarma”. Y, aquí, en Navarra, según informaba este periódico, por Covid-19 hubo 421 positivos y 1 fallecido y, además, 222 personas estaban ingresadas en centros públicos y 25 en la UCI. Pues bien, ese 23 de septiembre, un miembro del Gobierno de Chivite se trasladó a Barcelona para insistir ante el gobierno de la Generalitat de Catalunya de la conveniencia de retirar la laureada de San Fernando del escudo de Navarra que figuraba en el monumento a Jaume I el Conquistador de esa localidad de la Costa Dorada.
Ahora, siete meses después, ha sido el propio Gobierno de Navarra el que ha facilitado una fotografía en la que se ve a un operario, con martillo y cincel, destruyendo la laureada y modificando así la obra que el escultor Lluís Maria Saumells realizó en 1965. Y, en su nota de prensa, el Gobierno nos advierte que esa acción ha sido “mínimamente invasiva y que, en ningún momento, ha puesto en peligro la integridad del resto de conjunto monumental”. ¡Claro! Igual que si de un martillazo le vuelan la nariz a la efigie del rey Jaime I, el resto del monumento habría seguido en pie.
Pocos días antes de ese viaje de la consejera Ollo a Barcelona, el 5 de ese mismo mes de septiembre, la presidente Chivite acudió a Guernica a la toma de posesión del lehendakari peneuvista Urkullu y allí, en la Casa de Juntas, vio a la Ertzainza luciendo unos uniformes con el escudo del País Vasco en los que, incumpliendo una sentencia del Tribunal Constitucional de 1985, aparecían las cadenas de Navarra en su cuarto cuartel. La señora Chivite ni presentó una protesta verbal in situ ni su Ejecutivo, después, trasladó una queja formal al Gobierno Vasco por tal injerencia. Y eso que la solución era sencilla, no se necesitaba de martillo y cincel, y solamente había que exigir un compromiso de que esos uniformes iban a pasar al museo y no iban a volver a ser utilizados. Chivite se calló porque sabía que su sillón presidencial dependía de la segunda marca del PNV, de Geroa Bai, y, prefirió mirar para otro lado y ¡Pelillos a la mar!
No sé qué opinaran los propietarios de los negocios de Salou sobre la retirada de esa laureada, pero, me temo, que esta medida poco les va a servir para resolver su dramática situación y para salvar la temporada turística de este año. Una vez más, estamos ante una decisión tomada en un momento inoportuno que pone de manifiesto que nuestros actuales gobernantes ni pisan suelo, ni les preocupan los problemas de los ciudadanos y solamente se ocupan de sus sillones y sus temas ideológicos.
¡Así nos va!