En recuerdo de Tomás Yerro

Daniel Bidaurreta Olza|

Publicado el 27/04/2021 a las 07:38

Venciendo la inercia que ya me ronda a mis 82 años, y mientras aguardo a la segunda vacuna, he decidido también, como otros cuantos, recordarle por amistad y por agradecimiento. Cuando últimamente le llamaba a su casa de vez en cuando, me informaba con todo detalle de su enfermedad (Tomás era locuaz y de palabra fácil). Siempre me parecía que todo iba bien, hasta que de repente, y con dolorosa sorpresa, supe su fallecimiento. No es ésta la primera vez que escribo sobre él. Cuando fue cesado sin demasiados cumplidos de su cargo de Director de Cultura del Gobierno de Navarra (sin que nadie dijera nada entonces), publiqué “El yerro Tomás Yerro” en ”La Ventana” de este periódico un 22 de septiembre de 1999, hace ya cerca de 22 años: “…me duele ver cómo al final no han sido capaces de gastar más cortesía o mejores modos con Tomás Yerro, hombre de la cultura donde los haya -aunque por lo visto no lo suficientemente “político”-, volcado en su trabajo y sobre todo de trato exquisito con todos…”. Y de una gran generosidad, añado ahora.

En el mundo crecientemente mediatizado de la escritura siempre hay quienes hacen su pequeña guerra por su cuenta, creyendo, después de todo, que si lo que escriben vale algo, algo quedará a pesar de su escasa difusión. Y continúan sin pretender complacer a una determinada parroquia, y menos al dictado de la industria editorial, que hoy le dice al lector lo que le interesa leer. Hay también otros escritores de más éxito que escriben reivindicativamente, una y otra vez, “de lo que pasó en aquellos días”, o se les ocurre una novela negra (género imprescindible en estos tiempos, y mejor aún si es en Manhattan o por allí), o escriben de los raros problemas de una familia de Kansas-Ciy, en vez de contar, sencillamente, historias de su tierra, como siempre hicieron Cervantes, Quevedo, Galdós, Unanuno o Delives, que por eso son escritores universales.

Sin llegar a decir que “escribir en España es llorar”, como en tiempos de Larra, hoy, excepto para unos pocos, sacar una novela requiere recorrer un duro camino, pero en el que también puede surgir algún inesperado oasis. Permítanme algún pequeño recuerdo personal. Hace muchos años me presenté con bastante osadía ante Julio Caro Baroja, a pedirle un prólogo para mi novela “Memorial de sombras”. La leyó con atención y me lo escribió a mano y con buena prosa, eso sí, con letra difícil, de una sola vez ¡y sin tachaduras ni enmiendas! Eran personas que apenas existen ya. Siendo Tomás Director de Cultura, presenté ”La Mañueta”al Premio a la Creación Literaria del Gobierno de Navarra del año 1982, con un buen prólogo de José Luis Martín Nogales. Se agotó enseguida y desde entonces sólo se encuentra en la Red de Bibliotecas del Gobierno de Navarra. Nunca pudo figurar ni tan siquiera en el último lugar entre los 10 libros más leídos de cada semana según este Diario, todos ellos, por supuesto, salidos de los grandes sellos editoriales. Claro que la culpa no fue de este periódico, sino de la interesada información que recibió. Adiós Tomás, me acompañaste en la presentación de varios libros, y te recordaré siempre como una de las más bellas y generosas personas que he conocido.

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