El sueño de cada 23 de abril
Actualizado el 24/04/2021 a las 17:02
Cada 23 de abril me despierto con la ilusión de volver a pasear por las calles de Barcelona, recorrer todos los puestos de libros y rosas, descubrir un nuevo autor y repartir rosas entre mis seres queridos, por el placer de hacerlo. Llevo 9 años sin poder hacerlo, y cada año es mucho más difícil despertarme y poner en marcha este día. Como cada año, me acerco a una floristería, pido entre 10 y 15 rosas, sobretodo en paquetes individuales, y recibo la misma mirada de sorpresa y duda desde hace 9 años. Es en ese preciso instante, mientras pago por mis preciadas rosas, cuando empiezo a relatar la historia de Sant Jordi, y se ha convertido en una sensación maravillosa y llena de orgullo llevar a cada una de las ciudades donde he vivido, la historia de la tradición más bonita que tenemos los catalanes. Al salir, siempre intento buscar librerías pequeñas, huyendo de las grandes cadenas comerciales, para rebuscar por sus estanterías algún libro que despierte mí interés. Luego ya solo queda repartir las flores entre personas que me acompañan en mi día a día, regalarles a mis hijas sus libros y correspondientes rosas, y juntas recordar la historia de la leyenda de Sant Jordi. Cuando vives fuera de tú país es importante mantener las tradiciones, para que no solo tú, sino sobretodo tus hijos mantengan sus raíces. Así, que este año, en Portugal, también ha sido Sant Jordi, me he comprado dos libros, he repartido y recibido rosas y hemos disfrutado de uno de los días más maravillosos del año, aunque sea en la distancia.