Chulería del incumplidor
Publicado el 01/04/2021 a las 09:01
Algunos dicen que las leyes, si no hay sanciones, no son leyes: son sermones. Algo nos debe pasar con las normas solidarias de comportamiento en la actual pandemia: así, los que se resisten a poner la mascarilla les debe cansar la norma como si fuera una monserga.
De una investigación se sabe que, de 149 países, considerando que el número más alto es el que incumple más la ley, España está en el número 53. No salimos mal parados, dado nuestro carácter en llevar la contraria, singularizándonos en una especie de chulería incumplidora y con sabionda traducción subjetiva de la ley o norma. Varios estudios señalan que la diferencia entre un país del primer mundo y un país del tercer mundo, es la cultura del respeto a las normas; máxime cuando estas son justas, buenas y necesarias.
El martes pasado iba por la Vuelta del Castillo hacia casa, un corredor me pasó cerca con la mascarilla colgada en el codo y educadamente le invité a que se la pusiera. Siguió corriendo como si nada. Al rato, venían de frente dos corredores sin la mascarilla, echando aerosoles a gusto de sus pulmones, les advertí igualmente, pero continuaron corriendo con la misma energía, pasó otro corredor, y lo mismo. Mientras les advertía, llegué a la altura de una señora que se volvió mirándome, quizá pensaba que yo estaba loca o apoyaba lo que yo decía, o no entendía nada, como yo, pues solo me miró perpleja.
Seguidamente venían de frente dos voluntarias o cuidadoras con tres discapacitados/as, de los cuales llevaban a dos corriendo de la mano y todos, como dirían en el fútbol, reglamentariamente con sus mascarillas puestas; cuando sabemos que no nos extrañaría ver a alguno/a sin la mascarilla por problemas mentales, respiratorios…
Continuo por la bella Vuelta del Castillo y antes de concluir mi andadura, me quedo asombrada, el primero que me rebasó corriendo con la mascarilla sujeta en el codo, había dado la vuelta y lo veía venir de frente, sudoroso por el ejercicio y buen tiempo ¿la mascarilla?, seguía atada a su codo. Le volví a recordar dónde había que colocarla. Me escuchó porque giró su cara y como un robot la volvió a girar para seguir esparciendo aerosoles hacia adelante ¿A la yerba para que crezcan coronavirus en forma de flores?
Me salí de la Vuelta del Castillo y créanme que pensé que la rara era yo de todo lo que había visto y que la consideración del bien común que debe existir como algo propio, se desvanece fácilmente. La solidaridad se debe crear en todas las direcciones y no en la que a uno en un momento dado le interese. La responsabilidad social en tiempos apremiantes como el nuestro, se convierte en una burla, en un desencuentro y en un riesgo personal.
Siguiendo la investigación anterior, también se cuestionaban si: ¿los españoles cumplen las normas? Y contestan que, bastante menos que sus países vecinos, aunque algo más que los del conjunto del mundo. Yo, con mi experiencia diría que, algunos los corredores de la Vuelta del Castillo, cumplen bastante menos las normas que el resto de los viandantes de Pamplona.