¿Por qué no escribo más de mentecatas/os? (I)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 08/02/2021 a las 10:46

Como, durante la última semana, han sido más de tres los comunicantes y/o escoliastas (ellas y ellos) que me han formulado, básicamente, la misma pregunta, por qué no escribo más a menudo artículos de política, aprovecho la presente y pintiparada ocasión para contestarles aquí a los cuatro (mejor, cinco, pues la esposa de uno de ellos también merece ser tenida en cuenta y, por tanto, computada, que no es ni denota ni cursa con tres cuartas partes de la voz antedicha, en puridad, escrita antes, o sea, con putada). Intentaré aducir, luciendo el traje que, según criterio generalizado, me cuadra, encaja y queda mejor, el disfraz que me pongo cada vez que decido fingir y fungir de varón extraño, entre serio y zumbón, las razones. Confío, deseo y espero que les satisfagan y, asimismo, que entiendan por qué cada día me siento menos proclive o propenso a ponerme a trenzar los susodichos artículos de información y opinión política. Nuestros representantes políticos (que, o no nos representan, o, si lo hacen, no como queremos o nos gustaría que hicieran; este es mi parecer, pero acepto voces discrepantes, siempre que lo argumenten, claro; algunos no se representan ni siquiera a sí mismos) suelen carecer de lo que otrora advirtió, con ojo clínico, que les faltaba, cuando aún vivía, mi augusto y piadoso padre, Eusebio, entre los que entonces ocupaban puestos de representación política y de responsabilidad institucional: más de la mitad no tenían ni la autoridad ni la preparación ni la sabiduría imprescindible, necesaria, para ostentar dichas dignidades públicas (“La autoridad sin sabiduría es como un pesado cincel sin filo; solo sirve para abollar, no para esculpir”, dejó dicho y escrito en letras de molde Anne Dudley Bradstreet). Él usaba la urente (el Diccionario de la Lengua Española, DLE, por razones que ignoro, no ha admitido aún en su seno la dicción “escocedor/a”) expresión “no valen ni para echar tabas a un corro”, que hoy en día sigue vigente para catalogar, para afrenta o escarnio de algunos (ellas y ellos), con tino a muchos de los actuales. Pido al atento y desocupado lector (ella o él) de estas líneas que haga el esfuerzo intelectual de juzgar con severidad (no son tiempos para las memeces o mentecatadas, ¿llamadas así porque el despierto de mente las cata/caza al vuelo?) cuanto han dicho y hecho hasta el momento presente los miembros de los gobiernos de la nación, el central, el autonómico y el municipal. ¿A cuántos han salvado de la quema, es decir, del suspenso? ¿A dos o tres de cada uno de ellos, como mucho? Igual me he pasado. (Continúa.)

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