En Navidad a Javi echo de menos (1)

Ángel Sáez García|

Actualizado el 24/12/2020 a las 14:59

 Como cualquier aserto que diga o escriba aquí podrá ser utilizado en mi contra (abundo en el parecer con quien sostiene cuanto asumió otrora, que salir a la palestra y tomar la palabra en una reunión pública o privada se parece bastante, como una gota de agua a otra gota de agua, a la actitud del preso al que el agente que le acaba de esposar, le aduce la causa o razón de su detención y le hace saber cuáles son sus derechos), proferiré o urdiré lo que considero una verdad como un templo, aunque puede que otra posterior, ajena o propia, la aplaste. “Los hechos son sagrados y con ellos / construir cada lector su opinión puede”. “Derecho a saber tienen los lectores, / deber quien pluma empuña de contarlo”. A partir de la quintaesencia que destilan y/o exudan estas dos parejas de versos endecasílabos, me propongo discurrir sobre los recuerdos indelebles, imborrables, de un bululú o cuentacuentos diletante y de uno de sus lectores/oyentes habituales, adicto empedernido. “Al último mentado corresponde / decidir, si responde y no se esconde, / si este menda ha alcanzado el objetivo / laudable o no ha rozado ese adjetivo”. A quien firma estas líneas no le supone un esfuerzo ímprobo comprender la intención o el propósito de Charles Dickens y la enseñanza o lección que cabe colegir quien se eche a los ojos su bien tramado “Cuento de Navidad”. Así las cosas, entiendo que a Ebenezer Scrooge, el avariento y misántropo personaje verosímil salido, mitad de la realidad, mitad de su magín, se le presenten los fantasmas de la Navidad pretérita, actual y futura y le impongan el urente, mas soportable, castigo, de obligado cumplimiento, de contemplar por completo, como espectador selecto y silente, en una butaca escogida de la primera fila (si desde la susodicha se presencia cuanto ocurre en el escenario mejor que desde las otras, las restantes; que no lo tengo tan claro), con todo lujo de detalles de crudeza y crueldad, su errado y enmendable proceder, para que reflexione sobre su comportamiento y, tras constatar que este dejó mucho que desear, que su actitud fue inhumana, se arrepienta de verdad, de corazón, e intente poner remedio al daño que produjo. Esa es, precisamente, la razón por la que entiendo que a mucha gente le guste la Navidad (síncopa de Natividad). Servidor (lo reconoce sin ambages) la detesta con rabia (atenuada, tras las más de cuatro décadas transcurridas desde la fatalidad), la odia (¿de manera irremediable?), porque si, para la generalidad, la inmensa mayoría, como es lógico y normal, dicho vocablo denota el Nacimiento o la Natividad del Señor, para él, para mí, significó y no puede dejar de significar la muerte de mi ángel de la guarda físico, real, de mi primer y acaso mejor mecenas, Javi. (Continúa.)

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora