Carta a mis pacientes

María Fernández Calderón|

Actualizado el 24/12/2020 a las 14:57

Me llamo María Fernández Calderón, soy médico especialista en Aparato Digestivo y trabajo en un hospital público de Bizkaia. El pasado 17 de diciembre de 2020, se aprobó en el congreso la propuesta de Ley de legalización de la Eutanasia en España. Ante este hecho, que personalmente he recibido con gran pena, quisiera hacerles algunas reflexiones. A lo largo de mi ejercicio profesional he tenido la oportunidad de tratar a muchos enfermos al final de sus vidas. Son momentos generalmente muy duros, de dolor, de sufrimiento. Pocas situaciones de vulnerabilidad son tan especiales como esta. El sufrimiento, el dolor, el miedo a morir o a las limitaciones que produce la enfermedad, nos colocan en una circunstancia para la que muchas veces no estamos preparados. No hay dos pacientes iguales. Las circunstancias de cada uno son únicas, pero también las de su familia, sus seres queridos. En mi experiencia, muchos de esos pacientes en situación de últimos días se sienten indefensos, apenados por dejar a sus seres queridos o por el sufrimiento que palpan en sus familias. Muchos no quieren ser una carga para los demás o les avergüenza sentirse dependientes. El médico siempre debe aliviar el sufrimiento del paciente y contribuir a que recupere su salud. Cuando la curación no es posible, el médico debe informar al paciente de la situación y de las opciones de tratamiento más convenientes para su caso buscando siempre su mayor bien. No siempre es posible curar, pero siempre es posible CUIDAR. Y los cuidados son siempre también un tratamiento. Así lo he experimentado tantas veces: trabajando las distintas esferas de la persona (física, emocional, personal, familiar, social y espiritual), he comprobado como la atención médica al final de la vida a través de los cuidados paliativos, contribuye eficazmente a paliar el sufrimiento de tantos pacientes y sus familias. Y a que mueran en paz, habiendo aprovechado ese tiempo para estar con los suyos, para resolver conflictos, para exponer lo que llevaban dentro. Y ese tiempo se ha convertido así, en un momento precioso, lleno de humanidad y dignidad. La Eutanasia nunca es una solución y como médico jamás provocaré o causaré intencionadamente la muerte de un enfermo. Siempre permaneceré a su lado, paliando su sufrimiento y acompañándole con mi ciencia, profesionalidad y buen hacer, hasta el último momento.

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